Si me preguntaras
qué es lo que más quiero
sobre la anchura de la tierra,
yo te contestaría:
a ti, amor mío, y a la gente
sencilla de mi pueblo.
Dulce eres, como la tierra,
como ella frutal y hermosa.
Pero a ti te quiero.
No por bella que eres.
Ni por lo fluvial de tus ojos,
cuando ven que voy y vengo,
buscando, como un ciego, el color
que se me ha perdido en la memoria.
Ni por lo salvaje de tu cuerpo indomable.
Ni por la rosa de fuego, que se entrega
cuando la levanto del fondo de la sangre
con las manos jardineras de mis besos.
A ti te quiero, porque eres la mía.
La compañera que la vida me dió,
para ir luchando por el mundo.
Amo a la gente sencilla de mi pueblo,
porque son sangre que necesito,
cuando sufro y me desangro;
hombres que me necesitan cuando sufren.
Porque nosotros somos los más fuertes,
pero también los más débiles. Somos la lágrima.
La sonrisa. Lo dolorosamente humano. La unidad
de lo mejor y de lo más deplorable. Lo que canta
sobre la tierra y lo que llora sobre ella.
De ellos recibí esta voz, este corazón inquieto
que me apoya y me fortalece y me lleva consigo.
Por eso los amo como son
y también como serán.
Porque ellos son buenos
y serán mejores.
Y juntos nos jugamos
el destino, con nuestras
manos que todo lo construyen.
Así amo yo la vida
y amo a la humanidad,
amor mío,
cuando te amo y amo
a los hombres sencillos
de mi bello y horrendo país.
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Para que los pasos no me lloren,
canto.
Para tu rostro fronterizo del alma
que me ha nacido entre las manos:
canto.
Para decir que me has crecido clara
en los huesos amargos de la voz:
canto.
Para que nadie diga: tierra mía!,
con toda la decisión de la nostalgia:
canto.
Por lo que no debe morir, tu pueblo:
canto.
Me lanzo a caminar sobre mi voz para decirte:
tu, interrogación de frutas y mariposas silvestres,
no perderás el paso en los andamios de mi grito,
porque hay un maya alfarero en su corazón,
que bajo el mar, adentro de la estrella,
humeando en las raíces, palpitando mundo,
enreda tu nombre en mis palabras.
Canto tu nombre, alegre como un violín de surcos,
porque viene al encuentro de mi dolor humano.
Me busca del abrazo del mar hasta el abrazo del viento
para ordenarme que no tolere el crepúsculo en mi boca.
Me acompaña emocionado el sacrificio de ser hombre,
para que nunca baje al lugar donde nació la traición
del vil que ato su corazón a la tiniebla inegándote!
Colaboración sugerida por Gustavo Noriega
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Pequeña patria mía, dulce tormenta,
un litoral de amor elevan mis pupilas
y la garganta se me llena de silvestre alegría
cuando digo patria, obrero, golondrina.
Es que tengo mil años de amanecer agonizando
y acostarme cadáver sobre tu nombre inmenso,
flotante sobreo todos los alientos libertarios,
Guatemala, diciendo patria mía, pequeña campesina.
Ay, Guatemala,
cuando digo tu nombre retorno a la vida.
Me levanto del llanto a buscar tu sonrisa.
Subo las letras del alfabeto hasta la A
que desemboca al viento llena de alegría
y vuelvo a contemplarte como eres,
una raíz creciendo hacia la luz humana
con toda la presión del pueblo en las espaldas.
¡Desgraciados los traidores, madre patria, desgraciados!
¡Ellos conocerán la muerte de la muerte hasta la muerte!
Por que nacieron hijos tan viles de madre cariñosa?
Así es la vida de los pueblo, amarga y dulce,
pero su lucha lo resuelve todo humanamente.
Por ello patria, van a nacerte madrugadas,
cuando el hombre revise luminosamente su pasado.
Por ello patria,
cuando digo tu nombre se rebela mi grito
y el viento se escapa de ser viento.
Los ríos se salen de su curso meditando
y vienen en manifestación para abrazarte.
Los mares conjugan en sus olas y horizontes
tu nombre herido de palabras azules, limpio,
para lavarte hasta el grito acantilado del pueblo,
donde nadan los peces con aletas de auroras.
La lucha del hombre te redime en la vida.
Patria, pequeña, hombre y tierra y libertad
cargando la esperanza por los caminos del alba.
Eres la antigua madre del dolor y el sufrimiento.
La que marcha con un niño de maíz entre los brazos.
La que inventa huracanes de amor y cerezales
y se da redonda sobre la faz del mundo
para que todos amen un poco de su nombre:
un pedazo brutal de sus montañas
o la heroica mano de sus hijos guerrilleros.
Pequeña patria, dulce tormenta mía,
canto ubicado en mi garganta
desde los siglos del maíz rebelde:
tengo mil años de llevar tu nombre
como un pequeño corazón futuro
cuyas alas comienzan a abrirse a la mañana.
Colaboración sugerida por Gustavo Noriega
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Vámonos patria a caminar, yo te acompaño
Yo bajare los abismos que me digas.
Yo beberé tus cálices amargos.
Yo me quedare ciego para que tengas ojos.
Yo me quedare sin voz para que tu cantes.
Yo he de morir para que tu no mueras,
para que emerja tu rostro flameando al horizonte
de cada flor que nazca de mis huesos.
Tiene que ser así, indiscutiblemente.
Ya me canse de llevar tus lagrimas conmigo.
Ahora quiero caminar contigo, relampagueante.
Acompañante en tu jornada, porque soy un hombre
del pueblo, nacido en octubre para la faz del mundo.
Ay, patria.
A los coroneles que orinan tus muros
tenemos que arrancarlos de raíces,
colgarlos de un árbol de rocío agudo,
violento de cóleras de pueblo.
Por ello pido que caminemos juntos. Siempre
con los campesinos agrarios
y los obreros sindicales,
con el que tenga un corazón para quererte.
Vámonos patria a caminar, yo te acompaño.
Colaboración sugerida por Gustavo Noriega
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Castillo, Otto René
Quetzaltenango, 1936-Zacapa, 19 mar, 1967
Poeta y ensayista.
Miembro de la Juventud Patriótica del Trabajo y del Partido Guatemalteco del Trabajo. Exiliado en El Salvador en 1954. Miembro del Círculo Literario Universitario y del Partido Comunista Salvadoreño en 1954. Premio Centroamericano de Poesía de la Universidad José Simeón Cañas de El Salvador, 1955. Premio Autonomía de la Usac, 1956. Premio Internacional de Poesía de la Federación Mundial de la Juventud Democrática, Budapest, Hungría, 1957. Estudió la licenciatura en abogacía y notariado en la Usac. Premio Filadelfo Salazar al mejor estudiante. Miembro del comité de redacción de la revista literaria mensual Lanzas y Letras. Estudió letras, becado por la Asociación de Estudiantes Universitarios, en Leipzig, República Democrática de Alemania, en 1959. Fundador del Teatro de la Municipalidad de Guatemala. Representante ante el Comité Organizador del Festival Mundial de la Juventud. Responsable de propaganda de las Fuerzas Armadas Rebeldes. A Otto René lo nombraron responsable de educación en el frente guerrillero de la Sierra de las Minas. «No usó arma alguna. Sus delitos fueron el patriotismo y su posición revolucionaria. Le temían por sus poemas, más certeros que las balas. Su generación de poetas comprometidos llamó a la lucha y la encabezó. Nadie lo obligó. Nadie pudo impedirle subir a la Sierra; derecho y deber que exigió y cumplió», afirma de él César Montes. Lo detuvo el ejército en la casa de Cornelio Portillo, jefe de su escuadra guerrillera. Lo balearon, torturaron, mutilaron y quemaron vivo en la base militar de Zacapa, junto con Nora Paiz Cárcamo, después de detenerlos en la aldea La Palma, Río Hondo, Zacapa.
Obra publicada
Poesía: Tecún Umán, Ediciones Andrea, 1961 (col. Los Presentes); Casa de las Américas, 1962; Asociación de Estudiantes Universitarios, 1964 || Vámonos patria a caminar, Ediciones Vanguardia, 1965 (col. El Árbol y la Estrella) || Poemas, Casa de las Américas, 1971 (La Honda) || Informe de una injusticia. Antología poética, introducción de Roque Dalton y Huberto Alvarado, selección de textos de Alfonso Chase, Editorial Universitaria Centroamericana, 1975 (Séptimo Día); 2ª ed., prólogo de Luis Cardoza y Aragón, Editorial Cultura, 1992 (Poesía Guatemalteca Siglo xx, 5, serie Rafael Landívar) || Para que no cayera la esperanza, Editorial Guaymuras, 1989
Hemerografía: Artículos: «El mensaje humano de Juan Ramón Jiménez», en Lanzas y Letras, núm. 2, 1958 || «Exilio», en Revista Presencia, núm. 1, 1958 || «Los poetas y el siglo xx», en Presencia, núm. 4, 1958
Referencias: Héctor Leonel Alfaro, «Poeta y guerrillero, Otto René Castillo», El Periódico, 12 mar, 2006 || Huberto Alvarado, «Poemas de Otto René Castillo, un poeta del amor y del combate», Guatemala, sep, 1964 || Anónimo, «Otto René Castillo», La Libertad, 22 mar, 1975. «Homenaje a Otto René Castillo», Tribuna Económica, nov-dic, 1967 || Jorge Arias Gómez, «Cuatro poetas jóvenes», Sábados de Diario Latino, 1 dic, 1958 || Rodolfo Arqueles Morales, «Otto René Castillo, el poeta de la esperanza», Renacimiento, may, 1958 || José Barnoya, «La muerte y el poema», Siglo Veintiuno, 3 sep, 2006 || Rubén Barreda Ávila, «Presencia y ansia de Otto René Castillo», Prensa Libre, abr, 1958; «Presencia y ansia de Otto René Castillo en el contracanto de las balas asesinas», Éxito, 16 nov, 1958 || Alfonso Enrique Barrientos, «Letra de El Salvador», Diario El Día, 8 mar, 1956 || Jorge Campos, «Homenaje al poeta Otto René Castillo», en Diario Latino, 20 abr, 1968 || Alfonso Chase (selección y prólogo), Poesía revolucionaria de América Central en Alero, núm. 9, 1972; «Memoria del poeta Otto René Castillo», Diario Pueblo, 30 mar, 1974 || Consejo Superior Universitario Centroamericano (csuca): «Homenaje a Otto René Castillo», Alero, núm. 7, Usac, mar, 1972 || El Mundo: «Poeta Castillo y 14 guerrilleros mató el ejército», 19 mar, 1967 || «Poesía y violencia en Guatemala», La Opinión, 11 jul, 1971 || Antonio Fernández Izaguirre, «Tres poetas en la universidad», Lanzas y Letras, may, 1958 || Marco Antonio Flores, «Presencia de Otto René Castillo», La Semana, núm. 91, época ii, 22 may, 1973 || Ítalo López Vallecillos, «De Roque Dalton a Otto René Castillo», Hoja, abr, 1956 || «Los Viernes», «Otto René Castillo», en El Popular, 28 may, 1970 || Luis Mejía Vides, «Contestación a Otto René Castillo», en El Diario de Hoy, 4 nov, 1956 || César Montes, «Otto René Castillo, in memoriam», Siglo Veintiuno, 23 mar, 2007 || «Otto René Castillo, joven poeta altense», El Tiempo, 22 abr, 1958 || Arqueles Morales, «Otto René Castillo, poeta guatemalteco muerto en combate», en Bohemia || Roberto Morales, «Dejemos en paz a Otto René Castillo», La Semana, núm. 91, época ii, 22 may, 1973 || S. Petruniss, «Otto René Castillo», en Inostrannaia Literatura, ago, 1969 || Luis Eduardo Rivera, «Ottonino el poeta», La Semana, núm. 91, época ii, 22 may, 1973 || Elly Rodríguez González, «Propaganda comunista en verso», La Hora, 11 ago, 1958 || Ricardo Rosales Román, «Otto René Castillo, poeta de la esperanza», El Imparcial, 29 mar, 1958 || Óscar Antonio Salazar, «Tres figuras del arte nacional sacrificados en la hora cero», La Hora, may 1969 || Marco Antonio Villamar Contreras, «Presentación de 5 poemas de Otto René Castillo. Saludo al 28 de septiembre», Guatemala, oct, 1962
Tomado del Diccionario de escritores guatemaltecos
Autor: Carlos López
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VIUDO DE MUNDO
Compañeros míos,
yo cumplo mi papel
luchando
con lo mejor que tengo.
Qué lástima que tuviera
vida tan pequeña,
para tragedia tan grande
y para tanto trabajo.
No me apena dejaros.
Con vosotros queda mi esperanza.
Sabéis,
me hubiera gustado
llegar hasta el final
de todos estos ajetreos
con vosotros,
en medio de júbilo
tan alto. Lo imagino
y no quisiera marcharme.
Pero lo sé, oscuramente
me lo dice la sangre
con su tímida voz,
que muy pronto
quedaré viudo de mundo.
LIBERTAD
Tenemos
por ti
tantos golpes
acumulados
en la piel,
que ya ni de pie
cabemos en la muerte.
En mi país,
la libertad no es sólo
un delicado viento del alma,
sino también un coraje de piel.
En cada milímetro
de su llanura infinita
está tu nombre escrito:
libertad.
En las manos torturadas.
En los ojos,
abiertos al asombro
del luto.
En la frente,
cuando ella aletea dignidad.
En el pecho,
donde un aguante varón
nos crece en grande.
En la espalda y los pies
que sufren tanto.
En los testículos,
orgullecidos de sí.
Ahí tu nombre,
tu suave y tierno nombre,
cantando en esperanza y coraje.
Hemos sufrido
en tantas partes
los golpes del verdugo
y escrito en tan poca piel
tantas veces su nombre,
que ya no podemos morir,
porque la libertad
no tiene muerte.
Nos pueden
seguir golpeando,
que conste, si pueden.
Tú siempre serás la victoriosa,
libertad.
Y cuando nosotros
disparemos
el último cartucho,
tú serás la primera
que cante en la garganta
de mis compatriotas,
libertad.
Porque
nada hay más bello
sobre la anchura
de la tierra,
que un pueblo libre,
gallardo pie,
sobre un sistema
que concluye.
La libertad,
entonces,
vigila y sueña
cuando nosotros
entramos a la noche
o Ilegamos al día,
suavemente enamorados
de su nombre tan bello:
libertad.
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