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LA RISA DE LAS MUERTAS, por Gerardo Guinea Diez imprimir | correo
RÍAN erguidas mientras
marzo calienta con sus cifras
el frío de la morgue
y una ráfaga de melancolía
se columpie en las horas
y en las sábanas del verano.
Rían ciegas y tristes
en el puñal de los partes policíacos
y la moribundez que alimenta
las semillas del odio.
Rían con luz en los labios
nocturnas y aborrecidas
por sus tatuajes
y sus desordenados furores.
Rían para purificar el aire
de la pestilencia del rencor,
rían para que todos dejen
su cadáver interior
y curen su hipo de burdel.
Rían, pájaras, a los homicidas,
a su amargura sorda;
rían ciervas heridas,
libres de la arreciada muerte,
hártense de ese sediento festín
de carne y vida,
hártense de esos pobrecitos.

Autor: Gerardo Guinea Diez
Premio Nacional de Literatura 2009

Poema tomado de Antología (1984-2006)


Negaciones de Gerardo Guinea Diez imprimir | correo
NEGACIONES

Sean para Antonio Camargo
estas negaciones


I
No son los días sino sus entrañas
lo que flota en este río de crímenes,
dispuestos en su miseria a ocultar
lo que la hartura nombra casualidad.

No son los días sino los hombres,
con su gran ojo sin alma,
todo escombros ellos,
los que imaginan un lienzo irreal
con una dulzura obvia y un aire torvo.

No son los días sino su pesadumbre
la que arde en llamas,
sin cenizas que la sofoquen,
sin esa hosquedad de un rebaño de piedras,
sin entrañas,
que nos han dejado sin la luz del consuelo.

No son los días sino su historia
la que se abate como un ángel ebrio,
con aliento espeso y mala fiebre
a decirnos del pasado y un final
sin perdón ni piedad.

No son los días sino las palabras,
las que dan continuidad a un brillo gris
que suspende el tiempo en su luz ahogada,
apenas, en el rostro de una virgen aterida,
ayer niña,
más sueños que vida,
echada sobre su dolor sembrado,
ante una eternidad sorda y cobarde.


II
No pesa el miedo,
es voz helada
y muertos que no están en su sitio.

No huele el miedo,
es luto sucio
y huérfanos que tantean su animal.

No es cuerpo el miedo
sino pena sola
bajo el pájaro de la noche.

No es vida el miedo
sino muerte lejos de sí
entre dedos que rezan cuando.

No es vino negro el miedo,
es perro sin pestañas
y una mano más vieja que la otra.

No sabe el miedo,
es beso frío
y una locura sin nunca.

No es ruina el miedo,
es la caducidad del suburbio
con sus hojas sucias y viejas.

No es histrión el miedo,
es un soplo de muerte
en el fango y un rocío de sangre.

Fragmento del libro de poemas Negaciones
de Gerardo Guinea Diez
Premio Nacional de Literatura 2009




Poemas de Gerardo Guinea Diez imprimir | correo
FUENTE DE PENAS
SÍ, te lo escuché decir:
era un crápula,
pero cómo te amaba;
sí, te lo escuché llorar,
de bruces en un abismo de lágrimas,
sin amparo, derribada por el hachazo;
pero, qué haces con las astillas,
qué, con la mitad de esa luz
que te ciega como una luna.

Sí, te lo escuché decir:
era un crápula,
pero te amaba
como un bendito sin cordura,
venerándote entre ruinas
y la asfixia de su infierno.



TU PATIO
Propicio es el martes para festejar
y decir lo que la sangre no puede,
pero en tu casa desierta mora un deseo
que naufraga en un mar de ruinas
           petrificadas en su cólera,
más allá del sueño de la estirpe,
en la orilla del naranjo de tu patio,
con un silencio hundido en sus raíces,
obediente a un dios caído.

Propicia es la gloria equivocada,
pero tu casa desierta con la cama tendida,
entre desmayos y flores degolladas,
ordena el Paraíso que tu escrupulosa voz
                                     modela.

Propicio resulta el día para erigir la noche
y soñarte con un niño entre los brazos
y una jarra de agua en la azotea del cielo;
lo es cuando el gallo anuncia la madrugada,
indigesta de dolor y malos augurios;
propicia, es pues, cuando pactas tranquila
la tragedia de mundos infinitos,
mientras un cometa se enrosca en tu cuerpo
y mi avidez desanda el camino de tu patio.



CÓMO PESA VERTE
Te veo con este peso
que dibuja un telar de amor,
y el corazón es un ánfora
a punto de reventarse,
una bestia coceando a ciegas.

Te veo y cae una mentira
que desflora la mañana
y me obliga a hincarme,
a estar en la penumbra del silencio,
en el lienzo que te pinta
como un tallo que alimenta
perversidades y resplandores.

Pero, quién recordará tus ojos celestes,
quién dirá tu nombre
y con eso baste para calmar la sangre
y los deseos de nuestra gracia;
quién,
quizá la piedad de ese hombre
que te sueña y guarda en secreto
el sabor de tu alba;
quién,
quizá mis ojos que rozan
tu fosa cuando resbalan hacia la locura.



POSESIONES
Ya no tengo adónde volver mis ojos,
muertos son los vivos
que deambulan por el corredor
con su nada, agitando banderas
sin un final apropiado.

Ya no tengo adónde volver mis ojos,
y agónica suena el agua del cántaro
cuando tus pies pisan el precipicio
y tus manos desde la locura,
desovan mis deseos.

Ya no tengo cómo rescatar el día,
que se niega a levantarse de la losa
donde las piedras acumulan décadas
y el tiempo, en su horario carnicero,
revienta sobre el pavimento la demencia
de lo que siempre está siendo,
más allá de tu rostro,
más acá de lo que se desmorona.



EL ABECEDARIO DE MI MUJER
Tú, hija del mar,
tocas la frente insomne del día
y diestra en salvaciones,
anegas la cólera
con balbuceos gozosos
que dan ganas de reír
y morirse en esa última realidad
tan habitada de ligerezas,
naranjas y buganvilias.

Tú, hija del mar,
algo sabes del gentío
que llena las calles
de un esplendor absorto,
óseo y duro como sus miradas.
Tú, hija del mar,
gracia y alimento,
respiras el vivir del mundo,
diestra en tu trono de luz
y mangos de leche,
eternamente desplomas
tu hambre de vida
con los frutos rojos,
amarillos y verdes,
donde encalla adormecido
un año de mil días.

Poemas tomados del libro POEMAS PARA EL MARTES
(2003-2005)
PREMIO MESOAMERICANO DE POESÍA LUIS CARDOZA Y ARAGÓN

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SER ANTE LOS OJOS
Fragmento

A MEDIODÍA
VIII
El ser,
congregación de nubes en el cielo,
níveo desierto que ordena en fila
las viejas batallas.
Al poniente, los lobos;
al oriente, las oxidadas espadas
en espera de reinos y fracasadas glorias.

El ser, laberinto de tiempo
detrás de la errante memoria,
como los estoicos,
balanza de espadas y cañones,
de truenos en la montaña
y aldeas arrasadas,
de niños y jóvenes,
víctimas de la sustraída clepsidra,
de mujeres y hombres,
que vieron llorar a Adán
en su falso Paraíso;
de ancianas tejiendo con sus dedos
la línea imaginaria de una frontera
sin brújulas ni caleidoscopios.

El ser y el hombre,
el joven y el ser,
empuñan sus espadas
como racimos de engaño,
y en el reflejo del ocaso van
desempolvando las ultrajadas ruinas:
los desaparecidos,
los sin lápida,
las cenizas del jardín prometido.

El joven, lejos ya del niño,
descubre el misterio de los hombres
que erigieron la noche,
mito de crepúsculos lacerantes,
cifra misteriosa,
engendro de generaciones con vértigo:
¡viva la patria,
renegados hijos de puta¡
mientras la memoria vaga
por rumbos fatigados
arrastrando las molduras
de un espejo áspero y sin llaves.
Pero, ¿quién entiende el juego?
¿Un dios indescifrable?
¿Las viudas y los huérfanos?

¿Qué espera el joven, qué?
Quizá lo que sobrevive a los cobardes,
lo que queda de un grito en la celda oscura;
lo que pulula en el aire fétido de la victoria,
de la supuesta victoria,
la que se embarra en los muros
de los infiernos necesarios,
testigos de cargo de valentías
hoy equivocadas.

Y el joven, en su atroz confín imaginario,
va reapropiándose del camino
que lo llevará a la puerta,
ya no de su edén sustraído,
sino a la que lleva al espejo
de los nombres y apellidos;
la del espejo sin historias clandestinas,
sin ojos desorbitados,
sin epopeyas ante la tortura.
Ya no fingirá, en sus manos
está la llave de la cerradura;
por allí ingresará al reino de la sed
para aplacar su sed;
por allí encontrará de nuevo
el sendero para fugarse
del tiempo y del olvido.

Fragmento tomado del libro SER ANTE LOS OJOS
(1998-1999)
PREMIO NACIONAL DE POESÍA CÉSAR BRAÑAS



Biografía Gerado Guinea Diez imprimir | correo
Gerardo Guinea Diez nació en Guatemala el 13 de septiembre de 1955.
Estudió Derecho, Sistemas y Sociología. Trabajó en Casa de Chile en México y fue Secretario de redacción en las secciones de economía, negocios, finanzas y la sección de Comercio Exterior del periódico El Financiero, de México, DF. En Guatemala ha trabajado en revista Crónica, en los periódicos Prensa Libre, Siglo XXI, y también ha dirigido la revista cultural Magna Terra y la revista política estePaís. Ha tenido a su cargo la edición de alrededor de 1000 títulos de casi todas las disciplinas desde 1996 a la fecha.

NOVELAS. El amargo afán de la desmuerte (Editorial Praxis, México, 1993); Por qué maté a Bob Hope (Editorial Praxis, México, 1994, Editorial Cultura, Guatemala, 1998, Magna Terra, Guatemala, 2008); Exul umbra (Editorial Cultura, Guatemala, 1997, Magna Terra editores, Guatemala, 2000); Calamadres (Magna Terra editores, Guatemala, 2002). El árbol de Adán, Editorial Norma, Colombia, 2007.

POESIA. Horarios de lo efímero y lo perdurable (Magna Terra editores, Guatemala, 1995); Ser ante los ojos (Premio Nacional de Poesía César Brañas, Letra Negra, Guatemala, 2000, Magna Terra editores, Guatemala, 2001, Editorial Larmatann, París, Francia, noviembre 2002); Raíz del cielo (Praxis, México, 2003, Magna Terra, Guatemala, 2008); Poemas para el martes (Editorial Cultura, Premio Mesoamericano de Poesía, Luis Cardoza y Aragón, 2006).

ENSAYO: Pasión de la memoria, Guatemala ante el fin de siglo. Editorial Praxis, México, 1994. Gramática de un tiempo congelado, Editorial Cultura, octubre 2008.

BIOGRAFIA: Diccionario Privado, Mario Monteforte Toledo. Magna Terra editores, Guatemala 2003.



Gerardo Guinea Diez imprimir | correo
I. LA LLUVIA

Es la lluvia, la hormiga que asciende lenta

en la hoja intemporal;

es la hoja, la lluvia que moja

el negro paraguas;

es el paraguas,

la sombra donde crece el delgado tallo;

es el tallo,

el fulminante verde que amanece en mis ojos;

son mis ojos, los creadores de la página;

es la página,

el epitafio de las letras;

es la letra,

el caos de mi nombre.






¿Qué te doy de mi cuerpo?,

prestado a otros cuerpos,a otras vidas.

¿Qué puedo darte de estas frases?,

préstamo de otras.

¿Cómo te doy del sueño y color de

otras manos, mis flores?

¿Cómo te doy mis brasas para no arderte?

¿Cómo recoges mi polvo?

¿Cómo darte mi viento, si la

humedad coronó su tiempo?

¿Cómo te doy mi almohada, si

ya no hay madrugada?

¿Como te doy la nada?

¿Acaso tú,heredera del silencio

puedes darme otro cuerpo?

 
 
 

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Antología administrada por: Julio C. Palencia