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Poemas de Alfredo Portillo imprimir | correo
Qué hacer
en esta ciudad
donde
amanecer
significa
volver
a
morir

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Vengo solitario del tormento citadino
- solito -
aún sin mi tristeza
de alcantarilla
ni mi náusea publicitaria
mi vergüenza ajena,
para intentar
sin mucho ánimo
volver a creer
al menos
en ti.

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No creo en dios,
realmente
No me sirve
para nada
y a él
de que podría
servirle
que nosotros
simples mortales
(catoliquitos de domingo,
humanos desechables
protestantes de ni mierda,
sastres de funeraria,
invasores de cementerios,
coprófagos consumidores)
Nos empeñemos
En erigir
su imagen,
Que nació derrotada
Como símbolo
Para aceptar
nuestra propia derrota
Por los siglos... de los siglos...
Amén.

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..y sí la muerte
nos cercenara
los párpados
para llorar
eternamente
o bien nos
legara
una mirada
donde guardáramos
la imagen última de nuestra vida...
no cabe duda,
entonces,
tendríamos
que inventar
hasta nuestra
forma de morir.

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El hastío de la noche
me hace estallar
la boca y los sentidos.
me cierro
busco en mi adentro
un verso
que pueda auxiliarme
en estos segundos tétricos,
sangrientos,
vomitivos,
impacientes.
No quiero morir
otra vez
ya he muerto
en la madrugada
y en la hora que el
sol hacía un desierto
en mi cabeza.
Ya he muerto mil veces,
he presenciado mi muerte
noche a noche, disparo a disparo.
Hoy no,
tal vez mañana
podré soportar
empezar a morir
despacito
otra vez.

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Nuestra sangre
De cada día
Dánosla, señor...
Te lo pedimos,
Nuestra vergüenza
De seres humanos
Devuélvenosla, señor
Te lo rogamos,
Nuestra hambre
Podrida y cansada
Guárdala por nosotros, señor,
Te lo exigimos.
Nuestras maldiciones,
Blasfemias y buenos sentimientos
Nuestras cagadas, cagaditas
Y todas las oraciones,
Golpes de pecho y flagelaciones,
Nuestras neuronas, tiroides,
Bazos y enfermedades,
Nuestros tiranos, asesinos,
Burros y presidentes,
Nuestras jefes, curas,
Pastores, poetas,
Soldados de este y del otro lado,
Todito, te lo devolvemos, señor,
Siempre, ya no gracias...

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Tras el precipicio
de las dudas
emerge despiadada
la desesperación
como un ojo solitario
en busca
de una excusa
para morir.

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Ciudad
De los temores...
Babeles irónicos
Huesos temblorosos que ven
Con temor el viento
Que les empolva la cara.
Las moscas palpitan
En los techos blancos
Mientras la gente
Se ve la panza
Y se masturba
Frente a los muertos del día,
Que aparecen apocalípticamente
En los almanaques
En brazos de ángeles
O demonios cariñosos.

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Anudemos a esta tempestad
Nuestras lágrimas...
El pacto esta hecho.
Solo cuidemos
Que no orinen
Sobre nuestras tumbas

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Seres inertes
Ahogados en las sombras
De los pactos y las rúbricas.
Huesos suplicantes
Que lloran el destiempo
Y desaliento de la lucha
Sintiendo que han dejado
Los dientes
Incrustados
En la yerma.

-----------------------------------------------------

Llevamos atorada en la garganta
Una misteriosa palabra
Con vergüenza
Para desnudarse,
Mezclada con
Las siluetas purpúreas de quienes sembraron
Sus lágrimas
En el viento oscuro
De la tierra.

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Luego de tanto perdido
Quedan los años vacíos
Y lejana la esperanza
Que duele el rostro
El solo intentar sonreír...
Llorar, sin embargo, resulta aburrido
Y lamentarse es un lugar común
Que desespera...
Ya solo espero
Llegar a encontrarme
En este tortuoso desencuentro.

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En ocaciones
Uno intenta
Despojarse el miedo,
Por lo tanto
Reniega del noticiero,
Se revuelca en su embriaguez
Y ríe hasta de su miseria.
Pero luego
Despierta
Y vuelve a luchar
Con su podrida resaca,
Haciéndole
Una reverencia
De nuevo
A su dormido terror.

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Qué sencillo sería
Ser un idiota más
En esta larga fila de automotores.
Maquillarme frente al retrovisor.
Cerrar mis ventanillas
Para salvarme de la limosna
Y del mal aliento del asfalto.

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A veces
La verdad
Penetra como
Un latigazo
En las retina
Y llega a recostarse
En los más profundo
Del alma
Para estallar
Casi al instante
En la boca
Como una oscura maldición.

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Penumbra
Tragaluz infernal
Espuma escarlata...
Ciudadela hirviente tierna sodoma
Paraíso
Hediondez prostíbulo rodante
Basurero de almas...
Cementerio de lunas desdichadas...
Los muertos con su esperanza hecha trocitos
Vagan por el camino del sueñopesadilla
Burdel para demonios
Penetración violenta
Retrete donde la podredumbre
Ríe viendo su deforme figura
Extenderse sobre la carretera
Ante la abusivez amarillista de los vendepenas
Pequeña ciudad esperpéntica
Pobre vitrina de la contradicción
Circo del llanto y la incertidumbre...
Caos endemoniado
Ciudad
Barrio
Arrabal
Iglesia
Mezquita
Desierto
Ciudad incomprensible
CIUDAD DE LA IRA

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Humanos al fin que somos, podemos olvidar el tiempo y
pensar que el ayer es siempre mejor que el hoy, porque
nuestra memoria desecha lo terrible y se queda con lo
mejor. Sería bueno, entonces -de verdad es justo y
necesario- guardar nuestras memorias para que no
vengan a la vuelta de los años con otras máscaras y
otras sonrisas a cagarse en nuestra esperanza.

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Veo deambular el mundo con miles de preguntas,
verdades insufribles y una amargura inaguantable en la
garganta. Veo desangrar el día de ayer, en el
periódico de hoy, el goteo interminable de las
lágrimas haciendo un agujero negro en mi cabeza, la
muerte de las esperanzas en las pupilas de los
televisores, en fin todo aquello que no quisiera ver,
pero que regresa como reminiscencia perpetua de cada
olvido...
Llego a comprender entonces que necesito dejar de ser
tan cuerdo por momentos. Para poder sonreír.

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Partí del grito
A refugiarme en la mentira,
Oscura como una tumba,
Incomprensible como una caverna,
Partí de ti,
Como se escapa de un agujero
Con los ojos soñolientos
Y una sonrisa parecida a la esperanza.

Autor: Alfredo Portillo       Colaboración proporcionada por: Carlos López

 
 
 

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