Cometa sí
cometa tú,
hermafrodita
tinnitus gris
agrietado de jugar con yeso
voz escurrida en cafetera de bemoles
sobre vinilos engabetados
de años
de llantos
de hombres cometa
Así se vienen
las hojas de miradas contadas de a trecientos
qué vaivén de figurillas
remolinos chocolatosos
y un smoking desenfrenado
bailando campana de catedral mundana
No sirve
sigue allí cometa
sí,
a sombra gorgoteante
al principio del soplo
al ataúd
de los deseos
para presentar delante de estatuillas ácidas
para traficar masturbaciones por enfermedad
en mensajitos
cifrados en pintalabios,
desenfocado
todo todo
al morir la espuma
Obedientes,
sí
obedientes
cometa
al veneno
al naufragio,
dispuestos todos
o ninguno
o yo (tal vez)
a escoltar epifanías de media noche
/morfina/
atestada
como luna y canto a la deriva del vacío
no obstante
hablo con las manos
no con mi lado pop
cometa
no somos súper héroes chic de repisa
ni super shooter vestido de jesucristo
ni bla bla bla
para abstraer vidas en diez garabatos
nada
sólo texto debajo del resplandor
residual
igual que la rima
Dejémonos de escepticismos ¿te parece?
Así, tal expresión cayosa
que los bebes provocan
afán de incierto cazador
de buenos [malos] muchachos
y ceja
y mano
y asco
mujer, brillo regado
por escritorios muertos de lujo y dádivas tiernitas
sin fecha de expiración
tal parece
caer rostro al suelo,
el tuyo
el mio
el de todos
por las infancias ametrallantes de ancianos
hijos del aborto y vanidad
con piel despeinada
menesteroso de desvelo
soy
dudador
dudoso
dudante
uniforme azul, casita de vergüenza
cometa
para los tesoros caducos bajo polvito
milagroso polvito
adictivo
cracksexual
bendición del tedio
erosionado de niños azules te regalo
para echar luz al ayer
para ver si algo florece
si se sale del recuerdo
y se empapa de hoy
de hoy
de hoy...
Autor: Alexander Socop
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¿Desde hace cuánto?
Desde hace cuánto Olivia
dejaste de ser más niña que mujer
Desde hace cuánto
nos podrimos haciendo cola
lejos del semáforo carnal
en fila
solos solos
¿Desde hace cuánto?
las rapsodias
los molinillos de pepita
el licor ahumado de -inas,
se volvieron tan necesarios
para vivir y bachatear con canciones de cuando éramos jóvenes,
juventud
sueño de sello húmedo húmedo
perlitas diáfanas en el colchón
Desde hace cuánto
nos preguntamos
por nosotros
por nuestras gentes de tierra alta
/por un nuestro mar/
por los niños perdidos en una isla asfáltica
Desde hace cuánto
de la locura nos separa una hojita de cuaderno
Desde hace cuánto
vivimos enfrascados en un hospital chino del 63
Desde hace cuánto te digo que
juguemos
a rockstar sin guitarra
a desatornillar encéfalos
a caminar con los dientes en el pavimento
a hacer el amor con ropa
a matar ciclistas y gatos
a fermentarnos igual que los adultos en verano
[fantasías de otro tiempo]
/los trenes, las estaciones, las miradas, los buenos deseos/
entonados todos
tristemente como destino de migración almática
cava de la muerte para los olvidados
olvidados
olvidados
[para los que, saber desde cuando se preguntan]
¿Desde hace cuánto, desde hace cuánto Olivia, desde hace cuánto?
Autor: Alexander Socop
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Al ritmo de un rap de los años 90’s brother
mis ojos, mis manos
acariciaron el llorar de una sordomuda, consolaron a los no-vivos ocultos entre las cavernas de un lugar desértico
flotando, es como se vive en la ciudad brother, ante la descomunal impureza de cuerpos listos para volverse un poco más deformes, un poco más obscenos, un poco más máquinas, un poco más… un poco más…
Inenarrable la espera, la fobia y el palpitar de músculos sin cuerpo, la mente vacía esperando una panspermia de ideas nebulosas para escribir en paredes de baño, en servilletas y teclados resplandecientes de nervios abultados sobre la nuca.
Timbre que mata las neuronas y entumece los ojos, es el fin del mundo comprimido en una aguja que se abre paso en la carne prematura. El encierro está en nosotros brother, somos jaulas de cuarta dimensión, agujeros negros, escenarios bélicos, películas en sepia, cuartos viejos donde se repite que Núñez de Balboa fue el primero en ver los dos mares y un niño se levanta diciendo “Maestra ¿acaso los indios eran ciegos?”.
Etílico el fuego de los ánimos que no animan, rechazados, botados, despreciados, excretados, arlequines de la persecución desenfrenada de treinta años.
Es fimosis brother, es fimosis eso que tenemos en el corazón, en el alma. Es la hora, de levantarse entre los que están de pié, mirar de lado al amor de nuestras vidas que siempre nos ignora.
¿Estas listo brother?
Listo para vivir en la ciudad, listo para ser adulto como las mujeres a los doce años, listo para que te adopten la infelicidad y el estrés de cláxones y sirenas a la mitad del descanso, listo para cometer harakiri esperando que los sordos levanten oraciones en tu memoria y se zarandeen los suelos con el ritmo de rap de los años 90 que no se acaba brother, no se termina todavía.
Te cuento brother, te cuento de mis vidas felinas, de mis salidas, de mis entradas, de mis buenos y malos deseos. Es eso brother, la genialidad humana traducida en lluvia de concreto y luces de colores, sonidos de progreso y señales de alegría sin fin ni principio.
Así es brother, ¿damos otro paseo? Que la noche todavía es joven.
Autor: Alexander Socop
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Una de esas tardes
de aire especial
misterioso y gélido
Aire lleno de recuerdos
de “esos” mis recuerdos
grabados tenues
en laminitas de platino
que se borran poco a poquito
con el pasar del tiempo
—Ahora viene el día veinte, y pasado ese día, el resto del año suele irse más rápido.
—Como corre el tiempo en estos días, se huye como codeando el nuevo año que navega inalcanzable para los meses anteriores…
Algo existencial
—Quizás sea la luz… la tarde, el crepúsculo que baila entre nuestras vistas, que se salta las pareditas de carne de nuestros ojos. Paredes que se desploman para dejar pasar a la inspiración y su largo vestido de color fantasma.
—Veo nubes que no son mías, un cielo que no me corresponde; con mis ojos que no son míos, el cerebro que no me pertenece; genero algo: Química, no sé… igual, nada es mío… solo me digno a usar todo esto.
Hay ruidos en el aire
pájaros
alguna fuente de agua que deja caer un hilo en un pocito
carros, camiones, gente
animales que se escabullen
Se puede oír acá
bocinas
y el propio sonido del aire
pasadero…
Todo ese fiambre de retumbos
especies de transportadores
hacia esas dimensiones
que visitamos fugazmente
—Como hablan los sonidos que nos acompañan a esta hora.
—Miles de millones de motores nucleares en el cielo… creándose y destruyéndose… concentraciones de nubes, un haz de luz blanco, luego el cielo es de un celeste muy claro; luego se oscurece un poco… y hay finalmente unas nubes blancas y otras grises en la parte más alta del limbo.
Pero fue un lunes
de verano;
no un lunes otoñal
como el de hoy
En esa ocasión
la tarde era brillante
radiante
amarilla
y calurosa
—Testigos del coloquio, botones y diodos luminiscentes, canales entre nuestras mentes en perenne revolución.
Agoniza…
el día
—De tarde paliducha a noche oscura… hay algo misterioso en este momento, en este diálogo, siento que he tocado el tuétano del ensueño atardecer.
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El pelo
te sale por delante
y por detrás
por arriba
y por abajo
Hay quienes
luchan por un poco más
hay quienes
pagan para quitárselo de encima
Unos
creen que es bonito
otros
que no lo es
Pero lo que yo pienso,
no es ni lo uno, ni lo otro
el pelo es simplemente:
Lo que la piel no quiere enseñar por vergüenza
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