¡LÁZARO VEN FUERA!
¡Lázaro ven fuera!
- Dijiste señor.
Esa mañana primera
en que a la muerte
venció el amor.
Pasaron años y centurias
y de aquel milagro,
de aquella resurrección
dan cuenta los escritos
y la fe de la gente.
Deseáramos hoy
tener semejantes señales
para creer en ti, Señor
pero, siendo el hombre
tan arrogante y tan torpe
no se da cuenta
que tus milagros siguen aquí
en todo momento
en todo lugar…
Se suceden pero solo es dable
observarlos con los ojos del
corazón y la fe.
Estás siempre con nosotros
y para sorpresa nuestra
escuchamos siempre:
¡Lázaro ven fuera!
Por todo el mundo,
donde uno quiera.
“Terremoto en un pequeño país”
Dice la prensa mundial
y allí te glorificas, Señor
pues rescatan con vida
una bebita después de ocho días
de soterrada..
Pasan ya doce días y,
ve la luz una anciana .
cuando todos muerta la creían.
¡Si ellas!
Los extremos de la vida
dan testimonio a los hombres
de tu exclamación:
¡Lázaro ven fuera!
Para que crea el que tenga fe
y quiera.
Autor: Minoldo Gramajo González
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¡María! ¡María!
Hermosa mujer oculta a mis ojos,
en enigmático e ignoto universo
heme aquí, hoy de hinojos,
con una pregunta en cada verso.
Dime bella mujer,
¿Qué misterios escondes en tu alma?
-Dolor, talvez.
Dime, tú que amas la vida,
¿Qué hay atrás de esos nombres?
-Alguien real, tal vez no correspondida.
Niña mía, dime,
¿Quién lastimó tu alma de niña?
-De los hombres, la rapiña.
- Tú que escribes poesía con sentimiento,
¿Qué hay tras esos versos?
- Lo que a veces siento.
- Dime mujer de algún modo,
¿Qué tristezas nublan tu cielo?
-Creo que todo.
- Acaso siendo tú poesía,
máxima creación en el universo,
¿Puedes sufrir así, bella ambrosía?
-Puede ser. Si no, no hay verso.
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¡ JESÙS !
Estoy aquí, Señor, Jesús mío, postrado,
compungido, lloroso y sufriendo por ti.
Quisiera ser el que estuviera allí,
en afrenta de muerte, a la cruz clavado.
Petrificado miro tu rostro amado
que látigo artero cubrió de carmesí,
criminales que te han ultrajado así
lacerando vil, tu cuerpo crucificado.
Desfallecido, miras a tu alrededor
y de tus labios resecos brota el perdón
en acto sublime de entrega y amor.
Tu noble ser padece la pena sin rencor,
serena el alma, tranquilo el corazón,
ejemplo divino de bondad en el dolor.
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CUANDO LOS PADRES SE VAN
(A Zoila González y Abel Gramajo)
I
Cuando los padres se van,
queda un inmenso vacío
en el que cabe el mar
y no lo llena ningún río.
II
Cuando los padres se van,
es el hijo un ciervo herido
que pregunta, ¿dónde están?
con el corazón dolido.
III
La madre cual guía, adelanta, se va
ir siempre al frente fue su destino,
nuevo nido busca y esperará allá
al final del humano camino.
IV
Pendiente siempre de sus hijos
y de quien la hizo sentirse querida,
“para eso son las madres, dijo,
para amar más allá de la vida”.
V
La madre se la quiere con ternura
que brota desde el fondo del alma
ella, la entrega sublime y pura,
habita ya, en la ciudad del mañana.
VI
El padre, hincado ante Chronos, hizo mutis
con el coraje de los años vividos
nublada la mirada, marchito el cutis
el alma salió del cuerpo sin gemidos.
VII
Cuando los padres se van
queda un inmenso vacío
sus almas se funden en el mar
ya no son más, el pedacito de río.
VIII
El vacío que su presencia deja,
en miríadas de recuerdos explota
recuerdos buenos que no son queja,
pero lastiman al alma rota.
IX
Los padres dos almas son
que en su momento uno fueron,
dos almas que al atardecer
al infinito se volvieron.
X
Las almas de los padres fueron,
rayos de luz fulgente al vivir
que en raudo vuelo quisieron,
en el infinito fundirse al morir.
Autor: Minoldo Gramajo González
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CUANDO LOS PADRES SE VAN
(A Zoila González y Abel Gramajo)
I
Cuando los padres se van,
queda un inmenso vacío
en el que cabe el mar
y no lo llena ningún río.
II
Cuando los padres se van,
es el hijo un ciervo herido
que pregunta, ¿dónde están?
con el corazón dolido.
III
La madre cual guía, adelanta, se va
ir siempre al frente fue su destino,
nuevo nido busca y esperará allá
al final del humano camino.
IV
Pendiente siempre de sus hijos
y de quien la hizo sentirse querida,
“para eso son las madres, dijo,
para amar más allá de la vida”.
V
La madre se la quiere con ternura
que brota desde el fondo del alma
ella, la entrega sublime y pura,
habita ya, en la ciudad del mañana.
VI
El padre, hincado ante Chronos, hizo mutis
con el coraje de los años vividos
nublada la mirada, marchito el cutis
el alma salió del cuerpo sin gemidos.
VII
Cuando los padres se van
queda un inmenso vacío
sus almas se funden en el mar
ya no son más, el pedacito de río.
VIII
El vacío que su presencia deja,
en miríadas de recuerdos explota
recuerdos buenos que no son queja,
pero que lastiman al alma rota.
IX
Los padres dos almas son
que en su momento uno fueron,
dos almas que al atardecer
al infinito se volvieron.
X
Las almas de los padres fueron,
rayos de luz fulgente al vivir
que en raudo vuelo quisieron,
en el infinito fundirse al morir.
Autor: Minoldo Gramajo González
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