EL TREN HACIA EL OLVIDO
Abordé el último tren hacia el olvido.
Yo lo abordé al llegar la madrugada
voy al encuentro de tu antigua cita,
donde sé que ya no estás esperando,
porque voy persiguiendo la mañana
y tu estás en espera de la noche,
la última estación ya la pasamos
y olvidé descender para encontrarte,
aunque sé que los puntos cardinales
se han dislocado y ya no voy al norte
si no al sur... O tal vez hacia el oriente,
es igual para este soñar sin rumbo,
si al fin y al cabo todo el equipaje
se escurrió por la ventanilla rota,
si apenas eran dos promesas viejas:
no volver a encontrarnos en el mundo
y llevar nuestro amor a todas partes...
mas aquellas promesas se escurrieron
y como la tercera era secreta,
seguramente se nos ha olvidado.
Tu me dirás si esto que ahora leo
en el boleto de este tren en fuga
tiene que ver con aquella promesa:
en el morir, partir hacia el olvido
para encontrarnos juntos para siempre...
Autor: Mario "Choco" Matute.
Publicado en Poesía Guatemalteca con un gran saludo y los mejores deseos para que "El Choco" recupere pronto la salud. Mario Matute, gran escritor chapín y excelente amigo.
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Mi tumultuaria soledad se alarga
Con nocturnos antojos callejeros
Donde transitan todos los recuerdos.
Ingresas por la izquierda a su corriente
Y a tu paso retoñan los luceros,
Nos gana el más angelical silencio
Y nos vamos a pie por la añoranza.
No hay voces ni ruidos en mi entorno,
Este pequeño espacio de latidos,
Se puebla universal e ilimitado
Por los múltiples pasos silenciosos
De tanto amado corazón amigo.
De pronto me rodean dulces sombras,
Y tus manos arriban del pasado
Con su tenue ademán de mariposas
Que enseñan a volar a la nostalgia.
Constato que en la soledad flagrante,
No hay un solo rincón para la ausencia.
Como cruzando muros de ternura
Se asoman, con sus pasos a la inversa,
Aquellos que doblaron el camino
Y por la eternidad fueron ganados.
Esta noche estoy sin compañía
Llamé desde mi soledad profunda
Para poblar el mundo de mis sueños,
A las palabras y los gestos viejos,
Con los que anduve a tientas por la vida.
Y han vuelto a florecer más musicales,
Llevándome al confín de lo sereno
Ahí donde el encuentro con la nada
Impone el sonreír de lo imposible.
Esta mi soledad no está vacía,
Sobre sus olas el pasado flota
Navego por los días anchurosos,
Beso tu pelo largo anochecido
Y trepo por tu risa en caracolas.
No hay ni silencio, ni quietud, ni angustia,
Todo es retorno y dulce encantamiento.
Ahí, desde mi soledad renazco
Agitando mis alas infantiles
Me deslizo por una carcajada,
Tobogán que me libra, majestuoso,
De la razón, la seriedad y el miedo,
Que acartonan los sueños y los matan
En el soso tumulto cuotidiano.
Desde mi soledad emprendo el vuelo
Y gano plenitud en sus alturas.
Autor: Mario Matute
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Mario René Matute García-Salas nació en Guatemala el 20 de agosto de 1932. Quedó ciego a los cuatro años de edad. Estudió hasta el cuarto año de primaria en un Colegio de niños videntes, el 5º. Y 6º: de Primaria en la escuela para ciegos. Se graduó de Maestro de Educación Primaria urbana en la Escuela Normal Central para Varones, en Guatemala el 28 de octubre de 1952. Graduado de Lic. en Psicología años después, en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala –USAC-. Pronto ocupó cargos docentes y administrativos en dicha casa de estudios. Entre otros Profesor de tiempo completo y Director de la División de Psicología en la escuela de Trabajo Social; Director de la División de Comunicación de la Dirección de Comunicaciones de la Dirección de Extensión Universitaria de la Rectorìa de la USAC.
Debió salir al exilio en 1980 y se estableció en México desde 1984 hasta la fecha.
Ha colaborado en los siguientes periódicos y revistas:
En Guatemala como editorialista en los radio –diarios “Guatemala Flash” y “El Tiempo”: en el diario “Impacto” ; en la revista literario-educativa “El Niño”; en diversas revistas de la Universidad de San Carlos de Guatemala; colaborò con el diario Siglo XXI con su columna “Desde Lejos”. En Uruguay en la revista en sistema Braille en la revista Horizontes de la Fundación Braille del Uruguay. En México ha sido colaborador en los diarios: “Uno Mas Uno”, “El Financiero”, “El Día” y en la revista “De Par en Par”. Colaboró con la revista A PIÉ de la SECRETARÌA DE Cultura de gobierno del D. F.
Ha publicado las siguientes obras:
“El problema Psico-social de la Ceguera” Ensayo
En Narrativa: “Cuentos en Carreta”; El Nahual y Otras Sombras”.
En poesía “Ciudad Ausente”; “Sueños Cóncavos”.
En Novela “Los Alcatraces” edición Braille de la Once.
“Palos de Ciego” Editorial Alfaguara México.
Aparece formando parte de la Antología “Los Ciegos en la literatura” publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México –UNAM-.
Ha recibido diversos premios nacionales e internacionales: “primer premio” con distintos cuentos en los certámenes literarios de España, Latino-América y del caribe de los Juegos Florales de Quetzaltenango, Guatemala, concursos de cuentos de ULAC, concursos de Narrativa de la ONCE en cuento y novela, en Guatemala en el concurso de los 100 años del nacimiento de Flavio Herrera patrocinado por la USAC.
Premio “Quetzal de Oro” de la Asociación de Periodistas de Guatemala en 2001 por su novela Palos de Ciego.
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LA POESIA Y EL POETA
Si transita la música en Su embrujo
dando ritmo a la vida y sus encantos
las cosas nos la encubren en sus mantos
tras su brillante máscara de lujo.
En la hondura del llanto y la alegría,
sin tocar espontánea los sentidos,
sus misterios en sombra desvaídos
furtiva late ahí la poesía.
La poesía es música escondida
que el poeta devela en cada verso
sacándola de su actitud dormida;
creando a la vida nuevos movimientos
porque su verbo agita el universo,
demiurgo de belleza y sentimiento.
UNA CAMPANA EN LA TARDE
Todo aquel barrio lejano,
se asoma de puntillas
en el mínimo discurso
de esa campana angelical
que llora hacia el pasado.
Se empina en la quimera vespertina
mi madre y su canción aérea
regando luz sobre las platabandas
de aquel jardín de eternas flores.
Y toco el bronce ya cansino
con un oído niño todavía.
El viento me recuerda
la hora de los muertos
cuando pasaban sus sombras peregrinas
doblando ausencias en los dobles vespertinos.
Y el céfiro que viene cantarino
saltando entre repiques y aleteos,
pone la hora de las misas,
del pan de Dios y de la risa.
Y crece la ternura ya olvidada
bajo el arco celeste, voluptuoso
que traza la campana
de uno a otro punto cardinal
en que la tarde se sostiene
para que triunfen en su curva
los pájaros cantores,
las campanas que vienen del pasado
y los ángeles tristes del mañana.
RECUPERAR EL CANTO
Marchamos insomnes,
Taciturnos, olvidados.
Siempre bajo el silencio temeroso,
como un túnel eterno sin salida.
Somos los hombres de hoy,
desconcertados, sombríos,
con susto de cristales rotos
ante el descalabro
de nuestros paradigmas:
se nos vinieron al suelo
-cuadros vetustos
en un terremoto-.
Apenas rezumamos
por la espalda,
el rumor de una canción ya muerta.
Y vamos con la música rota
sin bocas ni instrumentos,
por eso la resequedad
de este camino.
Precisamos recuperar el canto,
del ademán enternecido de la brisa,
de la caricia auditiva
y el abanicarse de emociones
en la luz y la sombra
de todos los deseos.
Hay que recuperar el canto
y dárselo a beber a los humanos.
Así, ineluctablemente,
volveremos a sentirnos dioses,
seres consubstanciales
de todo el universo.
LA ESPERANZA
El día está aquí,
conmigo,
como antes, como siempre.
Cansada la luz chorrea por los muros
y un hálito nuboso
grisáceo,
crece en la ruta del viento.
He de ganar el camino,
recuperar el pasado
de la vera del sendero.
En un contracanto desleído,
me crece la esperanza a media frente.
Quizás encontraré los nombres viejos,
sentados en los parques;
quizá llevando a cuestas
otro día,
me doy de frente
con todos los olvidos
recién resucitados.
Camino de retorno
a mis antiguas andaduras;
voy en busca de lugares,
personajes, situaciones,
ensueños, desvelos,
amarguras,
circunstancias...
Coloco la esperanza sobre el pecho
y digo sí
a los antojos nuevos
de retornar a mis terruños
repletos de sol
aún dormido.
Yo tocaré las voces,
los destellos.
Yo ganaré las sombras,
el grito oblicuo,
el recuerdo que espera.
Ingresaré en mi tierra
con el cansancio al hombro
y me abrazaré,
como quiere esta esperanza nueva,
a todo lo viejo que aún me reconoce
que anhela volver a brotar
entre mis manos.
PULSACIONES
En lo oculto
de todas las cosas,
los sucesos y la vida,
sólo ingresan los niños,
los poetas y los muertos.
Ese mundo hirviente y abisal
nos gana a diario
por la calle, en nuestra alcoba,
en un silencio largo de una esquina
o en el solemne insomnio de un plaza
anochecida.
Llegan desde ese hemisferio
puro, elemental y transparente,
las pulsaciones
de lo nuevo y de lo añejo.
Si podemos captar una sola pulsación,
hundirnos con ella suavemente
en ese lado oculto del entorno,
encontramos la magia
convertida en realidad ardiente
y podemos,
como los ángeles y los borrachos,
los locos y los niños,
aferrarnos al auténtico sentido universal
de la existencia.
ES LA HORA
No sólo es la hora
del chocolate y el ángelus dormido,
es además,
la hora quieta
del ademán sin dueño
y del soñar que busca un pecho,
un cerebro que le den abrigo.
Es la hora de la abuela fallecida
del terremoto que,
una tarde como esta,
sacudió feroz a la ciudad tranquila.
Y por eso, como ves,
en aquel reloj se congeló ese tiempo
y ahora es la hora
de todos los recuerdos
en este corredor
que lleva hacia el vacío
o al otro extremo,
hacia la vida.
UN ARROYUELO
Pensé en aquella tarde azul
que la ternura bajaba al mundó,
como si acabase de salir
de un sueño,
que lo dejara cantar
por un centavo.
Y me cantó,
y el arroyuelo se hizo,
y navegamos en él...
ESTAS ALLÁ
Adormecido, tu nombre,
pertenece a los silencios.
Nadie lo toca,
ni lo araña el viento.
Junto a mis oraciones sin Dios,
se vuelca tu aroma renacida
como si no hubieras partido,
como si no te hubiera ganado
la ciudad en su tumulto opaco
y estuvieras allí,
sobre el deseo y la nostalgia,
siempre presente
en tu vértice de sombras
y tactos frutecidos.
ES LA HORA DEL CANTO
Y todos a cantar,
ahora.
Cantar al ritmo del reloj
o de los pasos,
o simplemente
al ritmo de los pulsos
o del corazón caliente.
El canto sube
¿lo oyes?
¿lo miras?
Algo ocurre en el cosmos.
Es la hora del canto.
Cantan los ángeles
rascándose el ombligo;
canta la calle
en coro relativo,
sus contrapuntos en bajos
de motores musicales,
se entrecruzan
se persiguen.
Canta en el muro viejo,
con un diminuto canto
en calderones gregorianos,
una lagartija antigua,
asomada en su escondrijo,
como curita en su altar,
tal vez diciendo misa a las mariposas
o al ciprés.
Todo canta,
es la hora de cantar.
Sigamos cantando
hasta que la realidad
en su ademán demencial
apague el sueño
y yo deje de creer
que la humanidad es libre
feliz y justa.
Pero ahora,
es la hora de cantar.
UN PAÑUELO
Sin llanto no es pañuelo,
tampoco sin suspiros,
sin sombras atrapadas
en sus arrugas
o sin un beso
escondido,
limpiado a hurtadillas
y doblado en seis
con el pañuelo entero.
Los catarros,
los estornudos,
los esputos
y los mocos,
esos se guardan en papel higiénico
o se tiran en el tacho.
Un pañuelo porta dolores,
secretos y sudores.
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I. EL DIA
Nuevamente el día al pie de la ventana,
con sus hebras de sol,
sus nubes altas.
Otra vez las nostalgias oscilando
colgadas de las interrogantes infinitas.
Aún no llegan los caminos,
el manantial se retarda en su escondite,
las manos no lo alcanzan todavía.
El día está así,
sentado a la diestra
de los sueños carcomidos;
algunos nimbos peregrinos
rodean la inmensa soledad
y callan como plumones de ángeles enfermos.
Habría que transcurrir por el silencio,
con sonámbulos sigilos,
pasar por debajo de este día
- o de cualquiera -
devolverle el saludo a la muerte
que espera con paciencia
que vadeemos el torrente de ignominia
para alcanzar su ribera
y besarnos la frente;
hay que devolverle el saludo
y decirle que aguarde
con su calendario abierto,
que ahora hay un día de sol en la ventana
y aún no ha caído la última gota
del tiempo que repleta la esperanza.
II. A MITAD DE LA LUZ
A mitad de la luz me detengo,
un signo de interrogación en cada flanco;
suspenso en la angustia
que busca inútilmente la palabra,
el motivo ,la razón,
la semilla original
y el bocado de eternidad
en que un dios desconocido
nos tragará , borracho
o rencoroso,
envidiando la soledad de nuestra ruta
o con piedad por nuestras alegrías...
Aquí, de pie frente al vacío,
a mitad de la luz
y con una interrogante en cada flaco ,
la espera se escure
por túneles futuros
que desembocan nesesariamente
en el pasado.
Los vocablos se preludian
en su tesitura finita e inperfecta;
al repasar los mútiples registros
se quema el tacto en su impotencia absurda
y no se alcanza
la palabra ausente.
¡Ah! si tornaran los viejos ademanes,
y pudiésemos entrar sin permiso
en los ensueños;
volver a beber
con mis querubes recién resucitados,
el agua de las horas verdaderas
a mitad de la sombra
en tus pestañas.
III. ESPERANZA
El tren volará a las doce,
a las once, a las diez, a las nueve...
el nombre del propio terrorista,
con su investidura atómica en el pecho,
andará descalzo por los siglos
equilibrando en el filo infinito
de la perpetua muerte nuclear.
Dios vomitara infernales insultos
y el tren volará a las doce,
a las once, a las diez, a las nueve...
el cero cóncavo y absurdo
lo envolverá todo
en el abrazo sin fondo de la nada,
¿y ese niño que sonríe
dialogando con la luz?
Y la muchacha que guarda
siete lunas de espera palpitante
en el vientre que se curva
hacia el futuro?;
y los adolencentes que escondieron su beso
en el murmullo de la fuente?;
y el olor de los huertos encendidos;
la vitalidad incontenible
que hierve en la entraña de la selva?;
la ciudad ajustando sus relojes
al movimiendo incesante de la vida;
las ruedas del trabajo colectivo
que transforman el esfuerzo en bienestar
y en alimento.
Con permiso, sombríos augurios ,
que el insulto a lo humano
se haga añicos;
que de par en par
se abran los vientos;
allá en el horizonte ,
donde el esperma primordial
crea el mañana
despunta la esperanza del futuro.
El tren en el que viaja toda la especie
volará a las doce, a las once, a las diez...
alado de razón ,ciencia y justicia,
burlará la soberbia y la ingnominia
y se alzará hasta la paz
en un viaje solar sin retroceso.
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Los poemas fueron tomados del libro Ciudad Ausente, editado por Editorial Praxis en México D.F.
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