Buscar palabra o frase: 
Parámetros de Búsqueda:
Lista de Poetas
.Colaboraciones
4ndr3z
Abel Alejandro Sanabria Sanchinel
Abner Caballeros López
Adam Medina
Adeleón
Adolfo Ajpakajá
Aguilainez
Alan Iván López
Alan Reyes
Alberto Calderón
Albi Elena Mejía Martínez
Alejandro Camey
Alejandro Conde
Alejandro Cortez
Alejandro de León
Alejandro Osorio
Alejandro Ricci
Alejandro Santizo
Alex Montúfar
Alex Palacios
Alexander Cáceres
Alexander Castañeda
Alexander Socop
Alis T. Velasco
Allan B. Tahuite T.
Alma Gamboa
Amilcar García Rudy
Ana Beatriz Mora
Ana Pivaral
Andrea Isabel Villeda
Andrés Solares Panazza
Angel Pérez Méndez
Angel Sacalxot
Angeli-K
Anissette
Anna Cosenza
Antonio Barillas
Anushca
Ariel Aquino
Aura Marina Castañeda
Aurelio Brito
Bene
Berner J. Gill
Bladimir Cojón
Boris A. Ruiz Sosa
Boris Jacobo Hernández de León
Brayan Zúñiga
Bryan Bojórquez
Bryan Cozano
Bryhan Alexander Armira Lucas
Byron Danilo Hernández
Byron José García Navas
Carla S. H. Martínez
Carlos Alfredo de León Cifuentes
Carlos García Cabrera
Carlos Iván Cobos A.
Carlos Luis González
Carlos Marota
Carlos Melgar
Carlos Ochoa
Carolina Escobar Sarti
Carolina Oliveros
Carredano Cristofer
César A. Espinoza Muñoz
César Estrada
César Humberto Ortega Alvarado
Chema Armas
Christian
Christian David Monroy Hernández
Christian Reyes
Cielo
Cintya
Claudia Bermúdez W.
Claudio Valerio Gaetani
Cristian Gramajo
Cueleman Villacinda
Daleshka Salazar
Daniel Barrios
Dany Vargas
David Baten
David Majano
David Rosales
Diego Piedrasanta
Dulce Pradera
E. Phantom
Eber Contreras
Edgar Maldonado de León
Edmar Estuardo Escobar Pérez
Eduardo G.
Eduardo Rosales
Edwin R. Vásquez
Edwin Yanes
Edy Tablas
Eléazar Adolfo Molina Muñoz
Elizabeth Carranza
Elvin G. Muñoz Sandoval
Elzon H. Mejía
Enrique Morataya
Enrique Velasco Ortega
Erick Bautista
Erick Isai López López
Erick Salguero Reina
Erik Cheves Reyes
Ernesto Alegría
Ernesto Gabriel
Esteban Sarceño
Estuardo Rodriguez
Estuardo Sosa Urizar
Eva González
Fabiola Rossi
Fabrizio Aragón
Feder Vas
Felipa (Chusita)
Felipe Tambriz
Félix Navas
Fernanda Alvarado
Fernando
Flor de María Momotic López
Francisca Andrea Alvarado
Francisco Duarte
Francisco Lujan
Francisco Sosa Ruiz
Franklin Espinoza
Fred Sagastume
Fredy Ray
Fredy Jiménez
Gabriela Fernanda González Álvarez
Genaro Castillo
George Reyes
Georgina Palacios
Gerardo Emanuel Narciso Pineda
Gerber
Gerónimo Ramírez
Geyner Hidalgo
Giovanni Ruano
Gladys Isabel Monroy Escobar
Gonzalo Cabrera
Grisell E. Morataya Castro
Guillermo Enrique Salazar Lechuga
Gustavo Padilla Castro
H3c70r P3r32
Harald Ethienne
Héctor Rolando
Henry Benedicto Zúñiga Caal
Herbert Danilo Figueroa Benavente
Hernan Del Valle
Hugo Orozco
Humberto Escobar Sayes
Humberto Flores
Ismael Ramírez
Iván Guatemala
Jacobo Eduardo Reyes Castillo
Jaime R. Rivas S.
Javier
Javier Arriola
Javier López Barrios
Javier Turnil
Jerver de León
Jessica Marroquin
Jesús Abalcázar López
Jhonatan Francine Gómez Martínez
Joaquín Carranza
Joe Parsons
Joel Salazar
Johnatan Aceituno
Johnny A. Martínez López
Jonatan Hernández
Jonathan Arana
Jonathan Bell
Jorge Fernando Flores Zepeda
Jorge Guerra
Jorge Infante
Jorge Mario Román Marroquín
Jorge Mijangos
Jorge René Castro
José
José Augusto Cabrera
José Batres
José Del Cid
José García Ponce
José Juan Guzman
José Julián Quelex
Joshua Velásquez
Juan Antonio Mejía
Juan Sicay Pop
Judith Miguel
Julia Rodríguez
Julio Leonardo Samayoa Juárez
Julio Rodolfo García Rodas
Karbin David Arevalo
Karina Boteo Morataya
Karla
Karla Gutiérrez
Karolay Mejía
Katherine Luna
Kendrick
Kevin Marcus
Kierk Orochena
Konzeptual
Kunfau
Larry de León
Laura López Guzmán
Leonel Juracán
Leonel Vargas
Leslie Quan
Lester Puac
Letras con Sangre
Ligia Vindas
Liz J. Levy Figueroa
Lola Andrade
Lorena Medina
Lucy Aldaz
Luis A. Ixcayau Juárez
Luis E. Arriola
Luis Enrique
Luis Fernando Manrique
Luis Loarca Guzmán
Luis Oliveros
Luis Ostorga
Luisa Fernanda Córdova
Luisa Rodríguez
Luisp Corado
Luna Lilith Cristabel
Luz María
M.C. Vásquez
Madguel A. Santos
Magodeoz
Manuel Rodas
Marcelino Maldonado
Marco
Marco Antonio Morales Orellana
Marco Nehemias Chávez Coyoy
Marcos René Leiva Navarro
María Antonieta García Ocaña
María C. Debacle
María Chavarría
María del Carmen Gaitán
María Esther Ruiz Zumel
María Jerez
María Porfiria Rivera
Mariela Hernández
Marilinda
Mario Antonio Barrios y B.
Mario Avila
Mario del Cid
Mario Gilberto Andino Dardón
Mario González (Jlbetter)
Mario Rodolfo Utrera Salazar
Mario Vides
Marlon Francisco
Marlon Monroy
Marta Mena
Maru Luarca
Marvin Cortez-Mejía
Marvin Pineda
Marvin Rafael Sam Chún
Mauricio López Castellanos
Melissa López
Michi Rosas
Miguel Alejandro De León Cardoza
Miguel Cordero
Miguel Racos
Mildred Marroquín
Milton Lorenti
Milton Sandoval
Minoldo Gramajo González
Miriam
Mirna Lissett Carranza
Mishel Alvarez Medina
Mónica A. Garavito
Mónica Navarro
Nancy González Carranza
Neas Moe
Neriant Ramos
Ninoshka Zapata
Noé Chenol Ventura
Noemí Batzin
Norma Navarro de Leiva
Olga A. Aragón Castañeda
Olga Angélica Aragón Castañeda
Omar Alejandro Sontay
Orlando Callejas
Orlando Segundo
Oscar Alexander Escobar
Oscar Arévalo
Oscar Orozco
Oswaldo Rueda
Otto. E. Gutiérrez
Oxwell Lbu
Pablo Hernández M.
Pablo Julieto
Pablo Solórzano Gudiel
Pamela Pacheco Barrios
Paty
Pedro
Pedro Maldonado
Pedro Marroquín
Perla Espinoza
Poly Cinco
Rafael Argueta
Rafael Carías
Rafael Mérida Cruz-Lascano
Raúl Barrera
Rebeca
René Coz
René Mazariegos
Ricardo Boror
Roberto Gabriel Corona
Rodimiro Gramajo
Rodolfo Vicente
Rodrigo
Rodrigo Morales
Rodrigo San Marcos
Rodrigo Ventura
Rogervan
Rolando Enrique Rosales Murga
Rossio Rodas
Rubén Darío Chó Tux
Rudy
Rury Morales
San José Allan Noriega
Sandra Julieta Urrutia
Santa
Sergio Tecum
Silvia Cortéz
Silvia Fortin
Singer
Sonia Reanda
Stephanie
Tito Espinoza
Tommy Morales Neira
Tony de Jesús
Toto Leiva
Víctor Antonio Leiva Navarro
Victor Castellanos
Víctor H. Bonilla M.
Víctor Hugo Hernández
Víctor Leiva Recinos
Víctor Santa Rosa
Vladimir Camas Bolaños
Walter González
Wiliams Castañaza
Wilian Noé Ordóñez Z.
William Saquil
Willy E. Morales
Wilton D. Vásquez
Yader Raudez
Alaíde Foppa
Alan Mills
Alfredo Portillo
Ana María Rodas
Antonio Brañas
Arqueles Morales
Carlos Illescas
Carlos López
Carmen Matute
Carolina Alvarado López
Delia Quiñonez
Dina Posada
Edwin Cifuentes
Elizabeth Alvarez
Enrique Noriega
Francisco Morales Santos
Francisco Nájera
Gerardo Guinea Diez
Guisela López
Haroldo Shetemul
Héctor Rodas Andrade
Humberto Ak’abal
Ilka Oliva Corado
Isabel de los Angeles Ruano
Javier Payeras
José Batres Montúfar
José Luis Villatoro
Julia Esquivel
Julio C. Palencia
Julio Fausto Aguilera
Luis Alfredo Arango
Luis Cardoza y Aragón
Luis de Lión
Luz Méndez De La Vega
Manuel José Arce
Marco Antonio Flores
Mario Matute
Mario Payeras
Mario Roberto Morales
Miguel Angel Asturias
Oscar Arturo Palencia
Otoniel Martínez
Otto René Castillo
Otto-Raúl González
Paolo Guinea Diez
Pedro Miguel
René Leiva
Roberto Monzón
Roberto Obregón
Werner Ovalle López
Nos leen en:

Volvía a casa, de Luis Cardoza y Aragón imprimir | correo

Volvía a casa, de Luis Cardoza y Aragón


Volvía a casa entre disparos y engañadas multitudes
ciegas en su tormenta, amado pueblo mío.
Qué trágico, qué duro, qué cruel nuestro destino
de arar sobre el mar y que la luz te enlute.

Desasosiego físico, que podía palpar
como un dolor de muelas en el alma,
me saturaba el cuerpo: zozobra que era náusea,
entre certeza y duda de tu verdad mañana.

Yo soy mi pueblo ciego con los ojos abiertos.
Mi pueblo luminoso embarrado de sombra.
La realidad y el sueño, la raíz y el lucero.
La guitarra que siembra la semilla del alba.

Por igual me dolían la bala y el herido.
Tu día levantaba sus blancas torres altas
lúcidas de esplendor, oh recio pueblo mío,
si tu noche invadíame con pirámides truncas.

Sólo soy la guitarra que canta con su pueblo.
Aliento de su barro mi voz suya.


Poema, de Luis Cardoza y Aragón imprimir | correo
Yo canto porque no puedo eludir la muerte,
porque le tengo miedo, porque el dolor me mata.
La quiero ya como se quiere el amor mismo.
Su terror necesito, su hueso mondo y su misterio.
Lleno del fervor de la manzana y su corrosiva fragancia,
lujurioso como un hombre que sólo una idea tiene,
angustiadamente carnal con la misma muerte devorante,
yo me consumo aullando la traición de los dioses.
Soledad mía, oh muerte del amor, oh amor de la muerte,
que nunca hay vida, nunca, ¡nunca! sino sólo agonía.
En mis manos de fango gime una paloma resplandeciente
porque el amor y el sueño son las alas de la vida.
Me duele el aire... Me oprimen tus manos absolutas,
rojas de besos y relámpagos, de nubes y escorpiones.
Soledad de soledades, yo sé que si es triste todo olvido,
más triste es aún todo recuerdo, y más triste aún toda esperanza.
Porque el amor y la muerte son las alas de mi vida,
que es como un ángel expulsado perpetuamente.


Poema, de Luis Cardoza y Aragón imprimir | correo
Vela sin viento que no fue rumbo.
Piedra lejos del arco y de la cúpula.
Horas podridas sin afán de musgo.
¿Quién descansa sobre vuestro pensamiento
como descansa el día en los surtidores?
¿Cómo en las aves descansa el viento,
en la voz el espacio, el llanto en los relojes,
la sombra en la frente de los ciegos?
Por vosotros, mar de pupilas altas es el náufrago
que se está quemando vivo en un lago de olvido
de sí mismo y fiel memoria de su sino.
Sólo le apagarían las aguas de los mapas,
los sueños de las arpas y su tacto de radio de sonámbulo.
Con total realidad, mintiendo con verdad,
instaurar un abismo -como puente
de asombro- entre las cosas y su nombre.
La sirena es sirena. Caballo, el caballo.
¿El hombre? Ay, ni tú lo sabes, Eva.
¡Qué poema el centauro absorto en restos
y nupcias de realidad y deseo!
Inventar las cosas sencillamente
con la precisión y la lealtad
de la inmediatez de la infancia.
Supe su nombre entonces: mi llamado escuchaban.
Manuel planeta, el pan sobre la mesa,
tan cotidiano y pleno y con alquimia
que no hay tiempo para perder el tiempo.
Es tiempo recobrado su presencia íntegra.
Caos, lenguaje inarticulado.
La muerte no rescata el universo.
Instantáneamente nos hace verbo.
Todo nombre es ya nombre sobrehumano.
La palabra sentida.
El grito del vendedor de naranjas.
En la esquina: "¡Naranjas! ¡Naranjas!"
Y el sol se recupera de su herida.
Porque supe su nombre, porque supe decirlo
cuando su aparición fu necesaria
alba infalible, ¡el sol por los tejados!


Lázaro (Fragmento), de Luis Cardoza y Aragón imprimir | correo
Lázaro (Fragmento)
de Luis Cardoza y Aragón

Como una flor de hielo sobre un piano,
Lázaro, en medio de la noche, ciego.


Cuando El Hombre de la túnica blanca
Sin piedad, sin piedad, dulce me manda
Lázaro, levántate y anda,
Su sentencia taló mi pensamiento
Y no pude siquiera balbucir.
Señor, Señor, ¿por qué me has abandonado?
Era un aborto, un vómito era.
Y arrasado me fui por mi destino
Mendigando una muerte de rocío.

Olivos dorándose en su aceite
Calor y olor de pan y de boñiga
Burbuja en la punta de una aguja
Es la tarde antorcha desangrándose
Detenida por los geranios rojos
El cántico de gallos y bramidos de toros
Hay una aura púrpura ternura
Bajo el alto azul acongojado
De mortaja y pañal
Y crepúsculo raudo que se asoma
Con rosados opacos pasos grises
Tartamudeando trémulo sus cosas
Ya la noche suscita estrellas tristes

Perplejos vieron todos que Lázaro atendía
El conjuro divino.

A Marta y a María colmenas de alegría
Sus más felices lágrimas vencían.


¿Renacer es más fuerte que la vida o la muerte?
Nadie conoce el dolor sobrehumano
De volver a la vida.

Saliste de una rala tierra inválida,
Como estéril semilla paulatina,
En ignorados brazos apoyado
Que otra lengua hablaban.

La luz te lastimaba, el universo,
Y con desolación de pez ahogándose
El aire masticaste.


En tu barba de heno y desconcierto
Fulgió un lucero pútrido enredado,
Un lucero de fango y de resentimiento.

Tu cuerpo amojamado,
Bostezo de una estatua,
Caminó tenso, soñoliento,
Navagante y lento el paso
Con la alondra preciosa de la fábula.


Estabas mudo al ver la luz del mundo
Como El Hombre de la túnica blanca
Que un áspero instante vio con tus ojos
y juntos caminaron ya sin rumbo.

En el corral vecino
El toro que degüellan
Lloraba como un niño.

No, no estuvo vivo,
No, tu nocturno corazón entero.
Resucitado estuvo
Como brusco, cacharro rescatado,
Añorante de muerte redonda como un cero.


El Hombre de la túnica blanca,
Caín inverso del amor divino,
A la espalda se echó Su fardo de preguntas,
La esquina dobló del Callejón de las Flores,
Se alejó, como una lámpara que se apaga,
Iba mordiendo su remordimiento
Hablando solo y trémulo de espanto
Más que los huesos del resucitado.

La tierra de la muerte -que nunca es fallida-
Es la única Tierra Prometida.
Mejor es dejar muertos a los muertos,
Inmortal en la muerte es la vida.


Tomado de Lázaro de Ediciones ERA







Luna Park, instantánea del siglo XX. De Luis Cardoza y Aragón imprimir | correo
A Francis de Miomandre

En un Luna Park
El creador filma la Vida,
Y sobre ese panorama,
Están tendidos todos nuestros nervios:
Estrépito sin descanso,
Hombres y mujeres en las fábricas
Al lado del músculo obediente
Fiel
Y sonoro de la máquina,
Fauna del HOMBRE.
Ferrocarriles, aeroplanos, barcos,
Vías subterráneas,
Arterias de la vida del mundo
En donde somos:
Glóbulos blancos,
Glóbulos rojos,
Bacterias…
Vida febril,
Mecánica,
Asperamente práctica;
Agonía de los últimos románticos
-Siempre habrá los últimos-
Belleza del espasmo.
Vértigos de montañas rusas.
Las horas muertas no tienen minutos.
Epilepsias del jazz band.
Emoción.
Un alta marea,
La energía del mundo.
De fiebre brillan los ojos de las mujeres.

Los corazones golpean los pechos de los machos.
Y hay un grito que se angustia
En la garganta de todos:
¡Vivir! ¡vivir! ¡vivir!

Siglo neurasténico.
Todos somos un poco enfermos:
El hombre: un convaleciente,
Un convaleciente de la vida.

Espiritualidad de la materia:
Parecen nuestros cuerpos
Proyección de nuestras sombras.
Asomada el alma
Al espectáculo del mundo,
Ha sentido en su fiebre mi fiebre,
Y he oído el profundo
Latido de su corazón,
Como si fuese a estallar.

El prisma intelectual del siglo XX
Ya no más descompone
En los siente colores,
La luz de la moderna
Espiritualidad.

Intermitencia de lágrimas y risas.
Tragedia.
Sainete.
Farsa.
¡Aún no está seguro
De su papel,
El mundo!
A veces llora
por reír;
A veces ríe
Por llorar.
Luna Park.

Velocidad.
Visiones del África Ecuatorial
Con la aurora boreal.
En la mañana de hoy
Estaba en Shangai.

Ayer dormí en New York
¿Cenaré en París?
Babélica conflagración
De lenguas y de razas.

Tierra, Arca de Noé constante,
Esponja empapada de sangre y de sudor de hombres;
Bosques de chimeneas fumando,
Cirios de colosos
Que se acaban de apagar;
Ciudades que no duermen,
Ennegrecidas de carbón de piedra
Y olorosas a petróleo,
Sangre de la Tierra;
Nerviosidad de clepsidras,
Pavor del minuto
Muerto sin vivirlo.
¡Pavor, pavor, pavor!
¡Alegría del minuto deleitado,
Tal un gajo del fruto de la vida!


El Río, Novelas de caballería (parte final). De Luis Cardoza Y Aragón imprimir | correo
Soy el pez volador. Ciego irrumpí por el deslumbramiento del día. Me colmó
lo esplendente de la vida, escuché la música de las esferas, el rechinar de
los grillos.

¡Un instante!

Nada más he podido tartamudear; el canto me fue prohibido por el infinitud
vislumbrada. Vuelvo al mármol que habito, con un canto roto en la garganta.
Hechizo de la inmensidad que permanece sin expresión.
No enuncié lo que codiciaba. Ello me enseña lo que jamás se aprende. Lo que
jamás se aprehende.
Lo inasible.
Atestiguo y festejo.
He recogido y contado muchas nadas.
La memoria es el Infierno.
Mis ciegos pececillos abisales se confunden con mis pájaros. Tiré de la
red: estrellas marinas y celestes.
No hay peligro de perder la muerte.
Intenté denotar el gozo de mi luz derruida, intenté ofrecer mi ternura
paleolítica, intenté balbucir mi colibrí, chispa emplumada.
Siempre acuden tarde las palabras.
Estoy a punto de despertar.
Escucho mi silencio como lluvia sin agua.
Es la vida accidente de la muerte.
El tiempo no existe; nosotros existimos.
Quise dejar una lámpara encendida.
La Gran Puerta Negra.
La boca de sombra.
Polvo.
No es el
f
i
n

Es el mar.


Fragmento tomado de la Colección Tierra Firme
Fondo de Cultura Económica
México



Siempre imprimir | correo
Luis Cardoza y Aragón
Guatemala- 1901- 1992
Siempre


                                                                                           A  Miguel Ángel Asturias

He vivido casi toda mi vida lejos de mis cielos.
Pero mis pies están marcados en los códices,
en la voz profunda de mi pueblo.
Camino sobre el mar y las nubes que me traje:
son mi tierra firme.
¿Quién me la puede quitar?
Cuando digo que estoy solo es porque no estoy en la plaza pública
sino en cada uno de vosotros,
como en los granos la granada.
Podríais enterrarme en la voz de cualquier niño
si tiene los pies descalzos y ha visto los volcanes.
Mis ojos siempre se abren sobre la luz primera,
y al cerrarlos, sobre mí cae siempre la sombra de mi infancia.
¿Y todo lo que he vivido,
me pregunto, toda el agua escurrida entre mis dedos,
todo lo bailado, no es un sueño?
No he tenido tiempo para soñar, amigos.
Apenas si he tenido para no morirme.
No puedo descifrar el símbolo
porque el símbolo no es un lenguaje.
Estoy tan cerca que no me veis
en las cenizas de los muertos
y en las manos de los niños futuros.
Tercamente guatemalteco,
no necesito recordar, me basta con palparme.
El sueño no tiene vocales,
pero tiene llamaradas y tambores mudos,
y las mismas fogatas
arden en las mismas cumbres.
...Si tiene los pies descalzos y ha visto los volcanes.

Poema de Luis Cardoza y Aragón
Colaboración enviada por Carlos López


¿QUE ES SER GUATEMALTECO? imprimir | correo
¿QUE ES SER GUATEMALTECO?

1
Pienso en el devenir, siquiera medio siglo adelante. ¿Los quichés, cakchiqueles y kekchìs se replegarán a un
mundo sobrepasado? ¿Por qué no abrirían sus culturas a un mundo nuevo y propio?

Propendo a suponer que para su supervivencia no es demasiado tarde, no obstante la devastación de medio milenio.

El socialismo está llegando.  Aunque no desde adentro, no en sus huesos, vívidamente su agonía he sentido. He
aspirado a restituirlo a sí mismo. Ignoro sus lenguas. Si las conocieras, en el español me hubiese refugiado.
Comprendo y me entusiasma la tarea de indoctrinación verbal en lenguas indígenas. La lengua es el Ser allende
la primera noción de patria.

El exiliado nunca pierde su tierra. La lleva consigo, más que en la memoria en la imaginación. La imaginada es
íntima y sutil, por real y por imaginada. Nunca concluimos de recorrerla, nunca nos fatigamos de crearla. Como
en el amor, es más su imagen la que amamos que la tierra misma en sí. Y la imagen irrumpe, se nutre, se erige
con lo que nadie puede suprimirnos: mitos, actos, sueños, conduca, palabras.


2
El exilio es la divergencia entre la imagen y la realidad. Entonces, esa silenciosa confrontación pertinaz es lo esencial: y no hay exilio puesto que vivimos una metáfora. Guatemala, soy tu Pigmalión.

En todas partes hay muchachas, cielo y mar, amigos y una copa de alcohol.

A veces, por desesperación, desearíamos que el exilio fuese verdadero, y no la fábula que así solemos llamar. Y,
sin embargo, cuando volví a Guatemala todo me expulsaba minuciosamente.

Me doy cuenta de como los nacionalismos han originado tantos crímenes, tantas limitaciones, tantos nulos anhelos.

Aun nacionalismos de país dominado. Hay otras cosas en este punto. Tú nada comprendes, chovinista. La liberación cultural es imposible sin revolución. La revolución es la verdadera cultura de nuestros días.

Los problemas del arte no cabe definirlos sólo dentro de lindes nacionales. La noción de patria, esa abastracción,
es aberrante si no la concebimos revolucionariamente.

Pero no es quimera la niñez ni toda la cuerda que nos da, que nos conduce hasta el confín de nuestros días.
Patria es no tenerla. El Hombre. ¡Indefectible, mía, dulce y nocturna!

Vivo con más sentido de libertad que de patria. Por ello, tanto más siento a mi tierra cuanto más privada de
libertad. Es decir, la he sufrido, la he servido, la he sentido toda mi vida. Anoto arrebatos con sentimiento
no sentimental y sin sentimentalismo.


3
El problema es verse desde fuera. Como si de otro se tratase. Salirse. Ni siquiera es asequible cuando medio
siglo más tarde soportamos leer páginas nuestras sin reconocernos. No las releemos. ¿Era yo aquel insensato?  Una duda defensiva apenas. Así como el cuerpo ha mudado íntegramente sin dejar de ser el mismo, lo mismo ocurre con el cuerpo verbal que identifica la conciencia de sí.

Para deshabitarme, tengo que dejar de ser. Hablo de ti para sospecharme y vislumbrarme de algún modo. Pero nada más puedo balbucir de ti, entreverte a través de él. Con perfección confusa objetivo mi confusión. Mi tormento
es placer inconfesable de indefensa religiosidad contagiosa. La poesía es llama que no consume la sustancia
que la anima.


4
¿Qué es ser guatemalteco?

Si se hurta a la universalidad, el nacionalismo es idiotez creada por idiotas, para otros idiotas. Burguesa es
su raíz, cortina de humo para fechorías. Se agita el pabellón y se hacen matar borregamente multitudes proletarias.

Estos holocaustos de millones se redimen si son coyuntura para que un Lenin transfigure nuestra "civilización"
transnacional y "cristiana" de Hiroshimas y hornos crematorios.

Obligación de liberarse de las coerciones políticas, familiares, culturales, religiosas, y nacionalistas sin  "ideas exóticas". Todo maniqueísmo es simplificación intolerable. Llamado a la libertad.

Ser la oveja más negra entre las más negras ovejas. Así, detestado por los albos compatriotas de cal muerta
se comete el delito de lesa patria de estar vivo.

Enjambre de sueños. Nunca lágrimas saurias. Acto de fe y auto de fe. Sacudirse el peso de la noche. Como el
perrito el cieno del pantano.

¿Quién al volver al país doliente no había dejado toda esperanza?

Urgencia de rebatir necias fidelidades. Dilatar la visión es más exaltante que inhumarse en un mundo excedido.

Guatemala, invicta anéctoda derrotada.

Viene a mi encuentro el yo que fui. Y soy como solía. Si para los demás no se es, nada se es.


5
Abominar de nosotros por no crear aún conciencia de la proceridad del pueblo y su perversión. Así ocurre en
Guatemala y otras grandes potencias.

El cristiano país sin cristianismo yace bajo distendida sotana en vez de cielo. Hay que perforarla un millón de
veces para alegrarse siquiera con estrellas mentirosas.

Feroz ternura, con reposado ímpetu vivirla para que el sol negro del día negro y de la noche negra no sea
irrefragable.

Ser compatriota de Shakespeare, del Volcán de Agua, de Martí, de San Juan de la Cruz, de Huracán, corazón del
cielo.

Morar en una pústula que sea rosa de dinamita al despetalar su podredumbre.


6
Injusticia y hambre ¡qué violenta, qué violenta violencia!

Nubes irresponsables vulneran el azul. Lleno mi copa de azul único y seco. Me perturbo como imbécil que conoce mal la risa. Atónito contemplo el cielo inusitado. Vida irrefutable vivo.

Ser guatemalteco es bermellón, torre, privilegio, azahar, tigre, asombro, aristocracia, catástrofe plebeya por el aborto
al anual la inercia.

La Momia ha muerto. Ha resucitado la Vida. Inmortal pericia del polvo. Las enredaderas escalofrían las ruinas. Bengala de luces plurales, tu lirio. Ya no hay vacío.

Por incicatrizables, quemadura y beso definitivo, son júbilos celestes. ¡Aleluya!

Cómo los volcanes rápidamente se empinan sin desmayo para despegarse de la planicie...


7
Se guatemalteco es enviar al infierno el Libro de Job y evocar a Saint-Just sin olvidar a las bañistas de Mack Sennett.

Es admirar cómo el Crucificado se mea en el templo de mercaderes sobre sus propias imágenes, los escapularios, los entorchados de los ejércitos transnacionales. Mercaderes del templo rompen filas bajo su látigo.

La mi Guatemala mía y la vuestra son doncellas mellizas de padre y vocaciones diferentes.

La injusticia engendra la violencia.

Complejo telúrico de Edipo desmadrado sin madre. ¡Puro Adán! Tener conciencia de hasta qué punto se debe ser por serlo sencilla y demencialmente tanto.

... Es saber sonreír.

Tuércele el cuello al quetzal de engañoso plumaje y condiméntalo con imprecaciones de Isaías y algún humor alquímico.

Como incrédulo tal vez fui amenazado de la lepra de ser fanático o alguna otra mierda fría. No puse a Marx las barbas de  de vuestro Padre Eterno.


8
Se fundó el equilibrio sin eclecticismo. La poesía desplegó velas hacia la certidumbre.

Vi al monje pavonenado su alma funestamente impoluta en el convento. Omitía que es más difícil arrastrarla por el mundo sin su mecánica fe ciega. Omitía su soberbia porque ésta nunca está iluminada por la gracia.  Cuando niño, expuesto a  inficionarme, quizá me salvé votivamente consagrándome a la inutilidad de poesía imprescindible.

Un esquelo de joven madre india, un metro treinta, a la piltrafa del pechito árido allega los huesos del niño delirando de fiebre, azul de hambre y de muerte, que de vez en vez, desvaneciéndose de agonía, imagina sorber crudelísima burbuja de aire guatemalteco.


9
Utopía, la realidad.

Soñé que fui antigüeño.

En donde puedo ser libre es mi patria.

En donde puedo crearme.

En donde puedo resucitar cada día sin horror.

En donde puedo soñar.

En donde siento que no soy exiliado.

En donde soy compatriota de Virgilio y de Alonso Quijano, y de Stravinsky y de Omar Khayam, y de Cristo y de Lenin, y de Goya y de Goethe y de Quetzalcóatl.

En donde no existe el pus hediondo de Caín.

Ser guatemalteco es ser la mala conciencia de su pueblo.

Tener morada en Sirio.

Acaso haber nacido en Guatemala.

Amar al indio que ya colgó al encomendero.

Es que nos crean soberbios por tener la humildad de estar con el oprimido y explotado.

En mi país de indios matar a un indio no es matar a un hombre.

Es exutorio que permite injuriarla sin desesperación, escrupulosa, enamoradamente, con impávida suavidad.

Para quien vive fuera, más que la geografía umbilical, el atlas de la inteligencia y la sensibilidad le fascina. Y no
hay extranjero ni guatemalteco, nulas nociones obsoletas.

Que mis límites fuesen planetarios en mi niñez lo decidí.

Necesito burlarme de mi, autoinjuriarme cuando intento hablar en serio.

Humanidad sin fronteras y sin clases sociales. Sin patriotismo y sin explotación.


10
La injusticia engendra la violencia.

Su realidad es lo mío imaginario; ni lo imaginario ni lo real del selenita es mío. Entre ellos tampoco me conocen. Imaginan que soy su compatriota porque nacieron en Guatemala.

Qué nostalgia cuando allí vivía.

Palabras en pubertad sin libertad.

A mi llama volverla mariposa para quemarla. Como si se pudiera. Vestir los guiñapos del alma con caquéctico cuerpo desnudo.

Nebulosa a horcajadas sobre un colibrí.

Quitar todo espacio plañidero a la nostalgia.

Masoquista reventado de sádico vegetariano.

A mi geografía amnésica nada preguntes. No sabría responderte. Déjame soñarla.

Nací llevado de la mano de Ixquic y de Helena. Me descuartizaron. Las pinceladas acudieron a su sitio al ver el paisaje con lejanía. Y éste irrumpió inaudito y unánime.

Tierra cruel, tierra de ceniza y llanto.

Mi respiración no te olvida.

En ti me salvo. En mí te vives.

Imaginarios, Quijote y Dulcinea.

Ridículos nacionalismos de mitología patriotera. Fascistas de "patria absoluta".

El mundo se achicó sin que hayamos crecido.

Ejecutada después del indulto. Si no te indultan, vivirías.

Navego por El río. Tal vez cumplí ya con mi módica cuota antigorila.

Omnipresencia creada por la ausencia. Las señales que me haces no son por distancia, son por sustancia.

Aborrecer el nacionalismo cuando no es universal y no se sacude con incoercible vómito de campanario. Analizar el vómito, alejado del miedo y su gran piano gaseoso.

Stradivarius en oídos marimberos.



11
¿Qué es ser guatemalteco? No busco mi identidad. Soy lo que hago por y para los otros y lo que creo (todas las connotaciones).

Mucho, mucho me dio mi tierra. Todavía más le debo por ello. ¿Por qué habría de darme aun su hospitalidad? ¿Por qué?

Qué nostalgia de infancia. ¿Por qué no pudo hablar ni llorar cuando volví? Aquí está mi relación con el mundo. Mi imposibilidad de ser siendo. Hallazgo repentino de repentino prodigio. Canción amorosa rodeada de rugidos.

Saberse marginal, sin apetecer tal corona suprema. Darse cuenta de estar sitiado por lo que al amor infamaba. Ansia de libertad y justicia para todos. La pequeña voz que por encima de la cucaracha algo signifique a la gangrena insulta.

12
Llego al rojo blanco. Cauterizaba mi beso. Para no volver más, hube de partir de a mi soledad poblada de solidaridad y humor alegre. Linda la vida del ser inocente.

Entre insignes monumentos mayas circulan millones de ladinos salvajes.

Hago un llamado a la justicia.

Estoy como Chaplin. Si como siempre hay déspota, no puedo entrar. Me corren si como nunca hay democracia. Mi tierra me atrae muchísimo más de lo que me excluye. Tal es la bellota de mi terco descalabro, tal es la lechuga de tu estéril victoria. Te veo sonreirme, solemne como un colchón, fronteras nulas enmarañándome.

¿Por qué negar el azul inmortal al indio en la mudez de su hazaña de aún vivir?


13
Por prohibida, la fijeza de su fascinación se incrementa. Cuando del todo no me fue vedada, necesité salir y quedarme.

Adán si vuelve al Paraíso no lo reconoce.  Y si lo reconoce es por haber salido.  No se arrepiente de volver sino de
haber conocido el Paraíso. Por comunión profunda, con asco y furia invoca a la Tierra Prometida. Nada más prometida, no sólo por ella sino también porque la Tierra Prometida es él mismo. Ella no logró uniformarlo. Ni en él hubo desistimiento. Disensión visceral.

Nunca dijo lo que de él esperaron escuchar. Escucharon lo qué él necesitó decir. Y defraudar fue victoria. El sueño no es evasión de la realidad.


14
Sí, ciego total, acaso tuerto, tú que bizcamente me miras no has reparado en que yo no soy YO, el yo, el abominable yo del hombre de las nieves;
el YO narcisista de mierda;
el necio YO del egoismo y el YO de la suficiencia;
el inmundo YO del elitismo y de la infalibilidad y de la certeza;
el impoluto YO sagaz, el vacuo YO acertado siempre;
el pútrido YO del carajo enchido de presunción, de sectarismo bestial, autoerigido en juez pendejo, fétido de orgullo,
de pedantería, de envidia miserables;
un YO podrido de insolvente profeta del pasado;
un YO de hiperbólica palabra oscura, incansable pregón de infamias antropoidales, enamorado definitivo por inocencia de la ninez atónita en una tierra que a patadas desoladamente venera. Oídme más allá de la excrementicia monotonía del servilismo, de la ceguedad y el embuste y la adulación palaciegas: yo no soy YO, la mierda del narcisista con ditirambos batida, con servidumbres y conceptos negociables.

Yo, mi YO es ellos, es vosotros, es el repudio de todo lo que hiere a la conciencia popular. La conciencia planetaria
popular. Mientras tanto, sigamos volando


15
Escribir por necesidad de escribir; no por escribir. Y escribir para ahora mismo y escribir lo nuestro.

La injusticia engendra la violencia.

No ha sido un sueño; tampoco una pesadilla. ha sido insomnio y vigilia.

¿Lo sabes, Lya? Mi única patria es tu corazón.

Bellísimo y muy moreno mi país descalzo y sin chapines blancos.

Dije con humor y cursilería lo dicho. El humor es reto, fraternidad vertiginosa. La cursilería, para intentar ser
comprendido.

Oir de torturas, de asesinatos, de cárceles desde la niñez hasta la muerte en el exilio. El país cada vez más hundido, más colonizado, más injusto y bestial que cuando nacimos.

Por él quemé mis naves muchas veces. Volveré a hacerlo.

Mi barco incendiado en mi noche, desbordado de pan y sal esplende para los Hijos del Maíz.

Ser una velita de sebo en la noche de la iglesia de Chichicastenango.


16
Oligarquía con hemorroides en el alma.

Con juanetes en el corazón.

Vuestra noción de Patria es Wall Street y un cuesco.

Escucho el diálogo cordial del Che con Francisco de Asís.

Ser guatemalteco no es azar ni es gratuito. Esta primera etapa del juicio final con denuedo se conquista.

Se comienza a serlo generalmente después de muerto.

Antes de nacer logré serlo.

Con la misión de ser felices nacimos guatemaltecos. ¿Cómo cumplirla si el pueblo no lo es?

Que tu verdad de himno sea cierta: "Guatemala feliz..."

Cuando vivo en Jerusalem no vivo en Antigua. Si muero en Nínive en Guatemala muero.

Es el pueblo más hermoso del mundo.

Es el pueblo más intrépido del mundo.

El indio guatemalteco es prueba inequívoca de la resistencia humana.

Es la materia prima riquísima y renovable más explotada del mundo.

El hambre engendra la violencia.


17
Alegría, chispa divina, todos los hombres se vuelven hermanos allí donde se detiene tu ala tan dulce. Que nos incendie, Beethoven, tu música prodigiosa.

¡Oh patria! ¡Cara patria! disimula si tus llagas no baño con mi llanto.

Pirañas: a ustedes he arrojado este vasto aforismo. cuando hayan concluido su breve faena, una nube escarlata flotará sobre el cielo y el invisible esqueleto de un arcángel.

Soy ciudadano de la Vía Láctea.


(A CARLOS MONSIVAIS)


Tomado del libro Novelas de Caballería, El Río
Autor: Luis Cardoza y Aragón
Publicado por el  Fondo de Cultura Económica


Biografía Luis Cardoza y Aragón imprimir | correo
Guatemala, 21 jun, 1901-México, DF, 4 sep, 1992

Poeta, ensayista, narrador y crítico de arte.

A los 16 años partió de Guatemala, pasó por Nueva York y llegó a París, donde estudió medicina durante dos años. Renunció a la medicina para dedicarse a la literatura. En París publicó, en 1923, su primer libro de poesía: Luna Park. En 1926 viajó a Marruecos, donde escribe Fez, ciudad santa de los árabes, crónicas que son publicadas en Cuba por primera vez; la revista mexicana Nexos lo hizo en México, en 1992. En este país publica, en 1928, en la revista Contemporáneos, un fragmento de Torre de Babel. En 1932 terminó de escribir Pequeña sinfonía del nuevo mundo, pero hasta 1948 fue publicada en Guatemala; ésta era su única obra impresa en su país hasta 1992; en 1993 la Usac publicó, en convenio con el FCE de México, Guatemala las líneas de su mano. Conoció y frecuentó a Pablo Picasso, Tristan Tzara, André Bretón, Paul Éluard, Robert Desnos y Antonin Artaud. De 1936 a 1944 colabora con Fernando Benítez en el suplemento cultural de El Nacional. Fue miembro fundador de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR). De 1932 a 1944 trabajó con Xavier Villaurrutia en el catálogo de la pintura europea de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, de México. El 22 de octubre de 1944 regresa a Guatemala a trabajar con el movimiento revolucionario que dos días antes había derrocado a la dictadura de Jorge Ubico. Guatemala, las líneas de su mano recoge, con lujo de detalles, esa gesta. En 1945 funda y dirige la Revista de Guatemala; también funda el Movimiento Guatemalteco por la Paz y la Casa de la Cultura de Guatemala. Es nombrado por Juan José Arévalo embajador en Noruega, Suecia, Francia y la hoy ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En 1947 viaja a Bogotá como representante ministerial; ahí se casa con Lya Kostakowsky, mexicana de ascendencia rusa, con quien vivió hasta la muerte de ella, ocurrida en 1988. En ese mismo lapso, lo nombraron embajador de Guatemala en Colombia, Chile y Francia. En 1952 regresa a México, donde se instala de manera definitiva, y nunca más, en esos 40 años, a Guatemala. Ese año comienza a colaborar en México en la Cultura, suplemento del diario Novedades. Sus escritos aparecieron, además, en periódicos y revistas de Madrid, Lima, Montevideo y Guatemala. En 1954 la Central de Inteligencia Americana, en cruento golpe de estado, derroca al presidente Jacobo Árbenz Guzmán y Luis Cardoza y Aragón inicia una amplia y sistemática denuncia del hecho por el mundo. En reconocimiento a sus aportes a la cultura nacional, la Facultad de Humanidades de la Usac le otorgó el diploma Emeritissimum. En 1992 la Universidad de San Carlos de Guatemala le otorgó el doctorado Honoris Causa; este mismo año recibió el Premio Mazatlán de Literatura por su libro Miguel Ángel Asturias casi novela y la Medalla Roque Dalton. En la UNAM trabajó en el Instituto de Investigaciones Estéticas e impartió la cátedra José Clemente Orozco. En 1979 el gobierno mexicano le impuso la máxima condecoración que se otorga a un extranjero, la Orden del Águila Azteca. De Nicaragua recibió la Orden de la Independencia Cultural Rubén Da-río. Hombre libre, defensor de la dignidad de los pueblos, Luis Cardoza y Aragón murió en el exilio a los 88 años. Sus restos fueron cremados en el Panteón Español y sus cenizas regadas en el Cerro del Ajusco, en el mismo lugar donde fueron echadas las de Lya, su compañera de toda la vida. Su honradez intelectual y su brillante actividad creadora lo convirtieron en hombre fundamental de la cultura latinoamericana. «Fue el más grande crítico de arte que ha tenido México» (Fernando Benítez); «El patriota ejemplar; el revolucionario consecuente; el luchador intelectual; el lúcido pensador y defensor de su pueblo» (Rodrigo Asturias); «La poesía de Cardoza y Aragón ocupa un sitio singular y único. Apenas y necesito recordar su Pequeña sinfonía del Nuevo Mundo, verdadera obra maestra» (Octavio Paz); «Hombres así ya no hay. Poetas, astrónomos, visionarios, subversivos, insumisos, capaces de prodigarse hasta quedar vacíos, de derramarse y regalar su sangre, hombres así ya casi no se ven» (Elena Poniatowska); «Se convirtió en el primer crítico de la pintura mexicana, sus apreciaciones cambiaron la escala de valores establecidos y les enseñó a los mexicanos a ver la obra de sus artistas» (José Emilio Pacheco).


Tomado del DICCIONARIO DE ESCRITORES GUATEMALTECOS de Carlos López.

 
 
 

Sitio dedicado a la poesía guatemalteca - poetas guatemaltecos


 
  Julio C. Palencia     Luis Cardoza y Aragón     Julio Fausto Aguilera     Carmen Matute     Miguel Angel Asturias     Luis Alfredo Arango     Antonio Brañas     poemas de guatemala     Mario Matute     Otto-Raúl González     Dina Posada     poetas guatemaltecos     Francisco Nájera     Otto René Castillo         Julio C. Palencia     Mario Roberto Morales     Julia Esquivel     Roberto Obregón     Roberto Monzón     poemas guatemaltecos     Edwin Cifuentes     Paolo Guinea Diez     Otoniel Martínez     René Leiva     Francisco Morales Santos     Carlos López     Otto René Castillo     Alaíde Foppa     José Luis Villatoro     Gerardo Guinea Diez     Miguel Angel Asturias     poetas guatemaltecos     Elizabeth Alvarez     poesía guatemalteca     Enrique Noriega     Ana María Rodas     Mario Payeras     Carlos Illescas     Mario Payeras     poemas de guatemala     Manuel José Arce     Isabel de los Angeles Ruano     Arqueles Morales     Delia Quiñonez     Otto René Castillo     Luis de Lión     Alaíde Foppa     Carmen Matute     Luis Cardoza y Aragón     Gisela López     poesía guatemalteca  


Antología administrada por: Julio C. Palencia