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RENE LEIVA (1947)

MINUTA DEL QUE SE VA
In memoriam, O. A. P.

Si no regresara,

que junten las palabras

y que el paleontólogo dicte conferencias.

Que el vaso de agua esté regado

con mi sed y con mi grasa

que golpeen mi camisa

con una rama de pino verde

que limpien el espejo

de mi hemorragia

que canten separados, lejanos,

la canción que yo ignoraba

que coman despacio y abotonados

los gramos que sobraban

que busquen mis zapatos

en la copa del único árbol

que defiendan mi esfuerzo

con gritos barbados

que respiren sin pensarlo

como yo en la madrugada

que miren al perro de la calle

que los mira sin pararse

que se froten los huesos con guaro

y froten mi silla con agua

que pongan una jaula a mi cama

con una piedra en la almohada

que llamen a un viejo el domingo

y le muestren la foto de mi infancia

que suden mi bragueta

y tiemblen mi dialéctica

que escondan mi timidez

a los ojos sin párpados

que caven un hoyo en cualquier parte

hasta que aparezca

que se sienten de espaldas al horizonte

y de frente a mi camino

que nazca musgo en mi hora

y mugre metálica en mis huellas

que arrojen mi cáscara

y que invoquen mi semilla

que duerman mi insomnio

y que despierten de mi ensueño

que florezcan los pájaros

y anide la hojarasca

que mi materia no vea

la estrechez de la distancia

Si no regresara,

que me sigan.


MUSGO

Si no fuera el musgo

más que rencor de la sombra

y olvido del agua…

Si brotara más allá de las anclas,

de la forma de las tumbas

y del cauce de la niebla.

Si naciera el musgo del golpe de la piedra

o tal vez del parto de la llama

o siquiera del paso del relámpago…


EL SENTADO

Dócil, quietas las patas del instante,

incógnita la aventura,

el sentado da cuerda a su medida

mientras con una mano soba la pelambre del silencio

y con la otra ofrece gusanos al pájaro del sueño.

El asiento no puede tener asas

y ni siquiera visible orilla,

pero el sentado atraviesa siempre

su charco meditado,

siempre vecino de sí mismo,

ajeno al que camina,

ajeno al que tose de pie

y de pie envejece.

Sentado es más el centro

y más exacta su hora

y más secretos sus órganos

y más temprana su sombra.

Sentado espera el retoño de su altura,

decide si está o no está solo,

identifica sus propias campanadas,

teje redes para cuando venga el cansancio

si antes no llega la muerte

sentada en su caballo.

 
 
 

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