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El rey de la soledad. Alexander Castañeda. imprimir | correo
Un hombre recostado en su cama, pensante, filosófico, sofocado, incapaz de pensar en alguien que no fuera él.
Rápidamente se cuestiona a sí mismo, - ¿qué es la soledad?, ¿qué es para mí?
las dudas auto formuladas jamás tienen respuesta, el "yo" dentro de su cabeza estaba muerto...
Loco, está solo y abatido, su cama era el  caudal donde vacía sus desdichados sentimientos.

Tres días atrás le dieron su último beso, sus labios no sangraron, y la saliva ajena se secó a los 5 segundos, el peor y último beso de quien quiso amar, su musa no fue más que 3 meses de sexo agónico... (El sexo ante el amor, el amor ante el sexo, el sexo es sexo, puro ejercicio corporal.)

Sobre su ventana dos cortinas apolilladas impedían pasar a la sumisa luz, frío...
todo aquello que ama, ahora se menciona en verbo pasado, todo aquello que amo...
Su soledad empezó un tierno y cálido 2 de junio de 1996, a las 4:00 pm, el día que la fallida relación de sus progenitores dio su fruto., (el fruto de un ejercicio sexual.)

Sobre su cama el susurra: - la soledad, ni compañera, ni enseñante...
Soledad cálida, soledad ramera, tus frutos son las almas de ocaso...
Soledad llena mi corazón, soledad llena mi cerebro, soledad ante todo, acompañamiento mentiroso,
Hoy me proclamas tu rey, el rey que jamás será festejado, o honrado, más que por tus cálidas caricias ante mi cordura, oh, Rey de soledad, la muerte no es salida, la soledad es muerte en vida.

Quien quiera amor, que busque en los infiernos.



Bella imperfeccion. Alexander Castañeda. imprimir | correo

Bella imperfeccion. Alexander Castañeda.


Este tiempo discorde, todo es una felonía vil...
La escala de gris danza con el finado, y el fresno se marchita lentamente...

Soy solo un esbozo que te admira, eres obra fina, arte contundente...
libre de abyección, expeles al ángel esperpento.

Las nebulosas están llenas de pigmentos y misterios, reviven el espacio vacío y muerto...
vibran llenas de color aun en lo tenebroso.... inalcanzables también...
aún más bella que las finas nebulosas estas tú...., brillando en la oscuridad de un mundo hipócrita, llenado de esperanza a los amargados, a los vacíos, a los cobardes.

Te anhelo cada día... en los momentos tenebrosos, en los momentos de herejía...

Esta vez reconozco la divinidad de Dios... Tú, su creación a imagen y semejanza del cosmos, calcado en belleza para los mortales, como yo....
la acacia baila al son de tu voz, al desahuciado enamora...
tu alma recubierta con plata multicolor sin maldición, pura como tu... nada te doblega, tu divinidad...
sin exagerar, lo que la perfección nunca podría lograr ni en un millar.


Dudas en alegro. Alexander Castañeda. imprimir | correo

Dudas en alegro. Alexander Castañeda.


Mi moribunda vida obsequiada, ¡resguárdala!, confíale plegarias y enamórala con sangre...
Siento profundamente  las notas musicales de tu estructura, mi éxtasis,  la esencia de una melodía bien llevada.
Pero...  dudo como lobo piadoso.

¡¿Qué es amor?!
¡¿Luchar?!
¡¿Por qué?!
¡¿Y si sólo fue sugestión?!

Hay espectros que me aplauden a lo lejos,
tu mirada sollozante, mis cabizbajos deseos.  
¿El amor fue capaz de la agonía?
¿Muerte?
¿Hay retorno?

El  prismático color rojo de las rosas o el amarillo de los girasoles,
tan sólo un espejismo...
¡Fui dictado a verlas de ese modo!, tan solo son grises y desoladas, pero su textura emana ilusión profana.

¡¿Mentiras?!
¡¿Pecados?!
¿Alucinaciones?

Arrebátame las dudas, soy quejumbroso, declamo de rodillas...
mi sangre sabe a hierro...
tal vez soy máquina...

¡¿Salvación?!
¡¿Equidad?!

Al borde del abismo, ¿y después...?
El cuestionar mi privilegio o tal vez mi desdichado derecho,
¡me desangraste pecado indirecto!


Orquídea excitante. Alexander Castañeda. imprimir | correo

Orquídea excitante. Alexander Castañeda.


Mi orquídea,
¿Qué haces en campos de rosas?, agonizas silenciosa,
abstienes tus verso y prosas,
no me prives de tu dulce acento ante la poesía.

Mi orquídea,
Tu filosofía murió en mis mares rojos,
¿Seré el gigante derrumbado?,
Soy nada más que tu ángel deshonrado
Quiero tu endorfina,
Estoy sostenido en tus pensamientos, ¡que ajeno!,
Tus pétalos en cartón,
No pierdas la esperanza de color,
Tu fragancias es alquimia,
Mi esencia pragmática.
Mis ojos dilatados,
Tu mar negro.

Me pierdo en tus olas texturizadas,
en tu color frambuesa, en el acre fuego,
Soy tu lienzo descosido.
La fidelidad de tus manos,
Tu mirada incendiaria,
Tus pétalos ascienden para nunca marchitarse
Aférrate bellamente.
Tu patrón es un alucinante sueño purpura,
con un plácido sabor amargo,
Tu desnudo hiperrealista, déjame apreciarlo, ¡Estoy maldito!


Naciente rojo carmesí. Alexander Castañeda imprimir | correo

Naciente rojo carmesí. Alexander Castañeda


¿Qué oculta un sol perdido o escondido?
¿Me enseñará a volar?
Escuche el miedo, ¡sabio...!
Sus caras de plástico se derriten en saliva.
Mi intención se rige doliente sobre los polos opuestos, mis caricias perdidas en lo metafísico...
¿Mis caricias si fueron para el hombro protegido?
Aquel paraíso donde el fruto no era superior... totalmente derrocado por la inestabilidad de mis huesos. ¿O mi carne?
¿Dónde está Dios?
¿Por qué la musa sigue desnudándome?
¿Será solo un espejismo...?
el sepia de la mañana, el roer de la rocas...
Amarte en la lluvia contrastante, o dejarte en el sol sofocante.
Mi pensamiento anarquista... corazón esclavo.

El purpura de las flores, aunque sofocadas, vivales...
acompáñame...
Extendida en el cielo ajeno, tu sonrisa propia de un rojo carmesí...
Mi musa, galopante, libre...
tu dogma perdido, ¡jamás fuiste mía!


Musa Bohemia. Alexander Castañeda. imprimir | correo

Musa Bohemia. Alexander Castañeda.


Paisaje vulgar, paraje demencial.
<< ¿Por qué tu mascara está tan desgastada? >>
Déjame vagar en mi galaxia mental, Tu sonrisa me sume en cavilar.

Rústicos cuernos curvos, Demonio cazurro.
Epígrafe en murmullo, silencio y equidad, eres itinerante ante mi asfixia.
En el limbo encontré tu narciso, el aroma es como el mar de tu sangre...
En tu pipa se percibe la poesía inversa, alucinaciones pragmáticas.
<>

Tu terso rostro se escabulle sobre capas multicolor.
La atmósfera esconde las dunas donde recostabas, mi musa maldita.
En el punto cúspide de una estrella, sincronizaste tu partida.
Tu cadencia sobre las olas del mar muerto, ya no hay litigio.


Fragilidad. Alexander Castañeda. imprimir | correo

Fragilidad. Alexander Castañeda.


¿Cómo verdeo el llano marchito y quemado? Aquello es equidad ideal de un esqueleto acompañante, mi tumba blanquea. ¡Oh Dios infinito, no puedo olvidar tu fragilidad!

Fui versado por tu palabra, pero tu cruz era una ñufla, tranquilizame con una mordida invectiva, Dios león.

¡Oh dios infinito toca tu oboe, que en tus coros escucho mi demonio!


Dimensión de engaños en el paraíso. Alexander Castañeda imprimir | correo

Dimensión de engaños en el paraíso. Alexander Castañeda


El ángel salvador resguardaba un corazón auto apuñalado,
estrellas de plomo resguardaban el cielo.

Una flor en exquisito amarillo pierde el oxigeno después de una traición manchada en carbón y diluida en agua salada,

Los infiernos son terrenales, aunque feroz el tigre, sumiso el cazador.
Así como férreo era el portador de dudas, así de cercana y atrayente fue la recaída.

Dimensiones ajenas, dimensiones propias, dimensiones engañosas.

El candado de sus labios era de oro, la llave de cobre.
Oxido letal, adiós valedor.

Oh alma, tú quien su confianza en espectros postró rendida, qué se siente estar perdida.
Todo brilla, todo grita y todo se extenúa, en la nada yacen los búhos de sol.

El opio no cura tus venas, ni el alma las penas, extrajiste tus alas dolorosamente para ser curada con besos.

El cobijo tiene un precio. 


El delirio de la reina. Alexander Castañeda. imprimir | correo

El delirio de la reina. Alexander Castañeda.


Ira erguida, linaje malversado y cuerpo peregrinado...
Teniente eterna de hojas secas y jardines sin clorofila.

Autorretratos al desnudo ritmo de falsedad,
el reino aniquilaba por el dilema de la verdad.

Embriagada por el vino, en vestido de seda y lino.
Sueños con parábolas amorosas, delirio por sus joyas escabrosas.

Su simpatía emanaba corrupción, soñaba con una luna envuelta en sangre.
Sol enmascarado de 7 ojos en tono tenue.
El despertar a media vela; usurpo de pureza, despojando aliento y destreza, como fruto añejado en sangre  y oración vuelta presa.

Imaginación juguetona de empatía; sobre el cráneo la corona de cobre desteñido, un rubí en su pecho gratificando el latido de su órgano oprimido.

Reina tan sólo en delirios de agonía, prestamista de servicio de vulgar belleza, oscuro servicio que contoneaba el hielo en su nobleza.

Uranio evaporado en su cielo, extenuando la apresurada muerte, mesurados deseos, su cetro guardó bajo las joyas incautadas.

Destino embargado por gusanos de seda, en los finos jardines Eva predicaba bajo el árbol de vida,
reina de multitudes polvosas, ajenamente arrimada al palacio, mujer apestada.

Crepúsculo en verbena, polillas alimentadas, cuerpo de escombros fatales...
Manos atadas a una fina brecha entre cordura y abismo de locura.

En su costado nacía una lanza de plata reluciente, ectoplasma emanaba de sus labios, en el trono finalizó la agonía de la cruzada, vertida y convertida en una sola, la reina deliró sobre el trono santo.


Lascivo, de Alexander Castañeda imprimir | correo

Lascivo, de Alexander Castañeda


El abad y su monasterio frágil, sus pensamientos son espumosos, bendita lujuria y bendita la cruz sobre su pecho...
Sus oraciones en lengua muerta, los pergaminos pecaminosos que extraen información oculta; la sangre de su salvador le alcoholizo, su cuerpo comió y comió hasta que gula se volvió. ¿Pecado mortal?
El convento refugiaba cerdos caníbales y sadomasoquistas, de todos, el más lodoso yacía sobre sus rodillas, su rosario goteaba sangre y aceite... Las velas lo incendiaron y las plegarias lo apagaron, ¿los diagramas de la anatomía tienen alma?
Coros y más coros celestiales, obligado a adorar su imaginación ¿o sus dudas existenciales?
Los huesos de los arcángeles fueron enterrados bajo el volcán, el sudor recorre su grasosa nariz, su frente tenia tatuada una cruz pero fue arrancada con sutileza, ¡como un buen religioso perdió la certeza!
Una mujer de laterales peligrosos, piernas de hierro, ombligo sumido como agujero, senos alimentantes de dudas, su rostro como lino, su boca roja y jugosa, sus ojos verdes como tonos de campo, cejas delineadas, pestañas impenetrables, su nariz tersa y su cabello de espiral descendente.
Su desnudo era tan atrapante e irremediable, le podría describir de distintas formas, le podría hacer un altar y después perderle la importancia, tal vez venerarla en momentos difíciles y derrocharla en la cotidianidad.
Quería tan solo tocarla, muchos arriesgaron su tacto y perdieron sus manos.
Ella extraía silabas en lasciva, obligaba a que los estigmas dejaran de producir, era un reptil sediento de cuerpos calientes, se adueñaba de los ojos de su víctima para no ver el panorama en tonos de calor. ¿Instintos elocuentes?
Las enciclopedias religiosas ocultaron su nombre pero él lo había descubierto, al son de un laúd quería volver pública la libertad de un muerto.
La bella mujer se alimentaba de sus orejas, le privó de los susurros, le oxidó el corazón, coaguló su cerebro y sus labios besó.
Succionado por la presencia del libertinaje, nada sabía tan bien  todos la veneraban en distintos altares, cada idioma la identificaba, algunos la satirizaban, pero él por fin la vio venerada.
Su nombre jamás será olvidado ante la presencia de creyentes, los diccionarios serán borrados pero el instinto siempre será alimentado.
Cada salvador lidió con ella y aunque su sangre derramó, el escepticismo nunca pidió nada a cambio.
El abad encontró la libertad en su asquerosa humanidad.


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