De pie, en el umbral,
compartimos un cigarrillo. La lluvia
forma largas hileras de cristal
que se revientan contra el concreto.
Te comento lo que imagino
y me dices que no, me dices que la calle es un rostro
y que la lluvia no es hileras de cristal
sino lágrimas que caen de los ojos de un dios ciego.
En esta oscuridad casi no distingo
las heridas en tu rostro, la manera en que
tu mano tiembla al llevar el cigarrillo hasta tu boca,
como tus ojos se agrietan al mirar.
Injustamente, me dices, el casero te aventó fuera
y cómo no creerte
si te veo buscar a alguien para acallar
la rata que daña tu estómago, para calmar
tus dedos en las cicatrices de tu piel
y la sangre, seca ya, en lo que queda de tus uñas carcomidas.
Morirás en esta calle y con esta lluvia
o quizá en la puerta, o medio desnudo en el callejón.
Me devuelves el cigarrillo y nuestros dedos se rozan.
Sonríes, y por un momento caminamos en la brisa
entre pétalos que caen de los cerezos florecidos.
Me tomas del brazo y me acercas hacia ti.
Me dices que días como éste
son prueba fehaciente de que vivimos para siempre.
Siento el olor de la lluvia primaveral en tu cabello,
y tu aliento te deja huérfano mientras la lluvia cae sobre la calle
y se despedaza como un cristal.
Días como éste son prueba de lo perderemos.
Autor: Rodney Decroo (Vancouver, Canadá)
Poeta y canta autor.
Traducción: Julio C. Palencia
Una muestra de su música la encuentras en la liga siguiente:
http://www.reverbnation.com/rodneydecroo
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Qué vulgar el amor cuando semeja un triste Ministerio de Estado
qué desgracia que se parezca a una Secretaría de Gobierno
en donde el trámite es todo lo que importa
y el cuidado de la apariencia sin sentido
malbarata todo este amor que nos tenemos
y que se queda en ganas, sólo en unas ganas absurdas de amarnos.
No sirve de esa manera, amor.
Autor: Julio C. Palencia
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Es triste
ver al amor desbaratarse
llenarse de heridas
y rehuir el cuerpo a cuerpo
de una pelea
que debería ser
la más importante de nuestras vidas.
Es triste
ver al amor
alejarse cabizbajo
como si nada fuese ya posible
y nuestra piel fría
no tuviera otro destino
que envejecer sola.
Autor: Julio C Palencia
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Hacia dónde se regresa no lo sé.
Quizá a la imaginada añorada tierra tuya.
La sutil, la perfecta en el sueño,
la desgarrada Dulcinea del recuerdo.
Se regresa, pero sin rumbo
a ser otro, a encontrar otro mundo
a rendirle tributo al recuerdo
a encontrar la memoria viva de los ya muertos.
Escribes estas líneas trastabillando
sin ritmo ni tono ni encantamiento
las escribes para liberarte
y desatar en cada letra el llanto.
No ofrezco el sosiego envejecido de los años
el tranquilo aparato de la comodidad
el acomodo necesario de la comida y el Estado
un burócrata predecible y acabado.
A mi me persiguen las hormigas
me impiden quedarme en reposo
y la nada se resiste a guardar en mi regazo
una brocha gorda de pintor barato
he crecido hacia no se qué
me eternizo en otros que no existen
me crecen flores y espinas
y la boca se me llena de oraciones
hacia un dios que aún no invento.
Extiendo mis brazos y reparto besos a fantasmas vagando en mi memoria
repito frases, situaciones alejadas entre sí por muchos años
toco una puerta que parece falsa y entro a un mundo verdadero.
Me gusta tu presencia, la que es silenciosa
la que no pretende nada. Tu amistad simple.
He crecido hacia un no se qué.
El medio día se planta portentoso
canta la luz todos los tonos
con el viento.
La vida es aún una canción que no comprendo.
Me maravilla.
Va tarareando una tonada que me gusta
silbido medio chueco medio dulce
susurro de amor de color incierto.
Un niño de Mixco husmea desde el recuerdo hermoseando la mañana
sonríe y me vacía el alma de tanta ausencia
y de líneas no escritas
por indecibles.
Autor: Julio C. Palencia
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Este discurrir diario
desterrado obligado voluntario
lejos de una patria sin memoria
donde los muertos se mueren para siempre
nacen héroes sin vida sin épica sin gloria
y un aire enfermo inunda los libros de historia
cansado de repetir el mantra
donde se esconde un mejor futuro
un presente decente.
Este discurrir diario
de transterrado
alejado de una patria que ha olvidado su nombre
y se refiere a sí misma como algo que fue aunque no haya sido nunca
una patria con muletas
y sin abecedario épico
una patria fantasma
una mísera condena
donde somos nada y nos llamamos nadie
ante los ojos desorbitados de un niño.
Este discurrir de desterrado antiguo
donde la patria alumbra con luz vieja
y calienta con los trapos y la carne que uno mismo se trajo
como en tiempos de tinieblas de guerra de tragedia
cuando alrededor de una fogata nos sentamos
y algunos temblamos de frío y otros de miedo.
Autor: Julio C. Palencia
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