Andaraiz de la Flor del Aire, de Miguel Ángel Asturias
Andaraiz de la Flor del Aire,
¿qué es lo que sueñan los Cazadores?
Águila de Fuego,
raíz de raíz de árbol de sangre,
rojas sus huellas en el abanico de huellas
que va rodeando el lago, antes del asalto,
sueña que se incendia el agua (la más terrible
de las pesadillas, como augurio: el agua en llamas),
para quemar a Cuatricielo, el Hombre-de-las-Magias
que transformando en maniquí de paja
huye de los espejos colorados.
Andaraiz de la Flor del Aire,
¿qué es lo que sueñan los Cazadores?
Águila de Sueños,
raíz de raíz de árbol de morro,
negras sus huellas en el abanico de huellas
que va rodeando el lago, antes del asalto,
sueña que hiere de nuevo el ojo magnético,
ligeramente dulce, del animal-espejo
robador de huellas, presa que ya herida
escapa de sus manos y se convierte en un lago.
Andaraiz de la Flor del Aire,
¿qué es lo que sueñan los Cazadores?
Águila de Nubes,
raíz de raíz de árbol de leche,
amarillas sus huellas en el abanico de huellas
que va rodeando el lago, antes del asalto,
sueña que una tempestad de granizo
pone en fuga a Cuatricielo, el Hombre-de-las-Magias,
transformando en muñeco de escarcha,
muñeco de cuatro cabezas, ocho brazos,
ocho piernas, ocho pies...
Andaraiz de la Flor del Aire,
¿qué es lo que sueñan los Cazadores?
Águila de Árboles,
raíz de raíz del país verde,
verdes sus huellas en el abanico de huellas
que va rodeando el lago, antes del asalto,
flecha de mando apuntada hacia mediodía,
sueña que hiere a Cuatricielo,
que hiere y arrebata a Cuatricielo, el ídolo
del envoltorio que esconden sus entrañas,
ídolo de lava transparente,
ojo-dios formado por la lluvia.
Tomado del libro CLARIVIGILIA PRIMAVERAL, de Miguel Ángel Asturias.
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Guatemala-París. 1918-1928
Recuerdo que en los días rosados de mi infancia,
la abuela(¿de quién son los abuelos?, ¿de los niños?),
solía por las noches, cuando la tibia instancia
parecía una caja de dulces de la luna,
contar historias viejas. Hoy ya no sé ninguna.
Abriendo lentamente los cofres de mi abuelo,
me daba a que besara la hoja de su espada.
Guardaba ha muchos años un relojón de plata,
una bandera blanca y azul color de cielo,
la estrella de una espuela y un lazo de corbata.
Conservo esos recuerdos que me legó de un hombre
y tengo en las reliquias de mis antepasados
la historia de mi casa, la gloria de mi nombre,
y guardo en esos cofres que siempre están abiertos
el retrato de bodas de mis abuelos muertos.
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Y tú, desterrado:
Estar de paso, siempre de paso,
tener la tierra como posada,
contemplar cielos que no son nuestros,
vivir con gente que no es la nuestra,
cantar canciones que no son nuestras,
reír con risa que no es la nuestra,
estrechar manos que no son nuestras,
llorar con llanto que no es el nuestro,
tener amores que no son nuestros,
probar comida que no es la nuestra,
rezar a dioses que no son nuestros,
oír un nombre que no es el nuestro,
pensar en cosas que no son nuestras,
usar moneda que no es la nuestra,
sentir caminos que no son nuestros...
Y tú, desterrado:
Estar de paso, siempre de paso,
tenerlo todo como prestado,
besar a niños que no son nuestros,
hacerse a fuego que no es el nuestro,
oír campanas que no son nuestras,
poner la cara que no es la nuestra,
llorar por muertos que no son nuestros,
vivir la vida que no es la nuestra,
jugar a juegos que no son nuestros,
dormir en cama que no es la nuestra,
subir a torres que no son nuestras,
leer noticias, menos las nuestras,
sufrir por todos y por lo nuestro,
oír que llueve con otra lluvia
y beber agua que no es la nuestra...
Y tú, desterrado:
Estar de paso, siempre de paso,
no tener sombra, sino equipaje,
brindar en fiestas que no son nuestras
compartir lecho que no es el nuestro,
lecho y "pan nuestro" que no es el nuestro,
contar historias que no son nuestras,
cambiar de casas que no son nuestras,
hacer trabajos que no son nuestros,
andar ciudades que no la nuestra
y en hospitales que no son nuestros
cura de males que tienen cura,
alivio al menos, que no del nuestro,
que sólo sana con el regreso...
Y tú, desterrado:
Estar de paso, siempre de paso,
tal vez mañana, mañana o nunca..
El tiempo falso de los relojes
no cuenta el tiempo, cuenta la ausencia,
envejecerse cumpliendo años
que no son años sino descuentos
del almanaque que no es el nuestro,
morir en tierra que no es la nuestra,
oír que lloran sin ser los nuestros,
que otra bandera, que no es la nuestra,
cubre maderas que no son nuestras,
ataúd nuestro que no es el nuestro,
flores y cruces que no son nuestras,
dormir en tumba que no es la nuestra,
mezclarse a huesos que no son nuestros,
que al fin de cuentas, hombre sin patria
hombre sin nombre, hombre sin hombre...
Y tú, desterrado:
Estar de paso, siempre de paso,
tener la tierra como posada,
tenerlo todo como prestado,
no tener sombra sino equipaje,
tal vez mañana, mañana o nunca...
Autor: Miguel Angel Asturias
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Tecún-Umán, el de las torres verdes,
el de las altas torres verdes, verdes,
el de las torres verdes, verdes, verdes,
y en fila india indios, indios, indios
incontables como cien mil zompopos:
diez mil de flecha en pie de nube, mil
de honda en pie de chopo, siete mil
cerbateneros y mil filos de hacha
en cada cumbre ala de mariposa
caída en hormiguero de guerreros.
Tecún-Umán, el de las plumas verdes,
el de las largas plumas verdes, verdes,
el de las plumas verdes, verdes, verdes,
verdes, verdes, Quetzal de varios frentes
y movibles alas en la batalla,
en el aporreo de las mazorcas
de hombres de maíz que se desgranan
picoteados por pájaros de fuego,
en red de muerte entre las piedras sueltas.
Quetzalumán, el de las alas verdes
y larga cola verde, verde, verde,
verdes flechas verdes desde las torres
verdes, tatuado de tatuajes verdes.
Tecún-Umán, el de los atabales,
ruido tributario de la tempestad
en seco de los tamborones, cuero
de tamborón medio ternero, cuero
de tamborón que lleva cuero, cuero
adentro, cuero en medio, cuero afuera,
cuero de tamborón, bón, bón, borón, bón,
bón, bón, borón, bón, bón, bón, borón, bón,
bón, borón, bón, bón, bón, borón, bón, bón,
pepitoria de trueno que golpea
con pepitas gigantes en el hueso
del eco que desdobla el teponastle,
teponpón, teponpón, teponastle,
teponpón, teponpón, teponastle,
tepón, teponpón, tepón, teponpón,
teponpón, teponpón, teponpón...
Quetzalumán, el de las tunas verdes,
el de las altas tunas verdes, verdes,
el de las tunas verdes, verdes, verdes.
Las astas de las lanzas con metales
preciosos de victoria de relámpago
y los penachos despenicados
entre los estandartes de las tunas
y el desmoronamiento de la tierra
nublada y los lagos que apedrean
con el tún de sus tumbos sin espuma.
Tún, munición de guerra de Tecún
que llama, clama, junta, saca hombres
de la tierra para guerrear el baile
de la guerra que es el baile del tún.
Tún, tambor de guerra de Tecún,
ciego por dentro como el nido túnel
del colibrí gigante, del Quetzal,
el colibrí gigante de Tecún.
Quetzal, imán del sol, Tecún, imán
del tún, Quetzaltecún, sol y tún, tún-
bo del lago, tún-bo del monte, tún-
bo del verde, tún-bo del cielo, tún,
tún, tún, tún-bo del verde corazón
del tún, palpitación de la primavera,
en la primera primavera tún-bo
de flores que bañó la tierra viva.
¡Abuelo de ambidiestros! ¡Mano grande
para cubrirse el pecho con tlascalas
y españoles, fieras con cara humana!
¡Varón de Galibal y Señorío
de Quetzales en el patrimonio
testicular del cuenco de la honda,
y barba de pájaros goteantes
hasta la última generación
de jefes pintados con achiote rojo
y pelo de frijol enredador
en penachos de águilas cautivas!
¡Jefe de valentías y murallas
de tribus de piedra brava y clanes
de volcanes con brazos! Fuego y lava.
¿Quien se explica los volcanes sin brazos?
¡Raza de tempestad envuelta en plumas
de Quetzal, rojas, verdes, amarillas!
¡Quetzalumán, la serpiente coral
tiñe de miel de guerra el Sequijel
el desangrarse el Arbol del Augurio,
en el augurio de la sangre en lluvia,
a la altura de los cerros quetzales
y frente al Gavilán de Extremadura!
¡Tecún-Umán!
Silencio en rama...
Máscara de la noche agujereada...
Tortilla de ceniza y plumas muertas
en los agarraderos de la sombra,
más alla de la tiniebla, en la tiniebla
y bajo la tiniebla sin curación.
El Gavilán de Extremadura, uñas,
armadura y longinada lanza...
¿A quién llamar sin agua en las pupilas?
En las orejas de los caracoles sin viento
a quién llamar... a quién llamar...
¡Tecún-Umán! ¡Quetzalumán!
No se corta su aliento porque sigue en las llamas
Una ciudad en armas en su sangre
sigue, una ciudad con armadura
de campanas en lugar de tún, dueña
de semilla de libertad en alas
del colibrí gigante, del quetzal,
semilla dulce al perforar la lengua
en que ahora le llaman ¡Capitan!
¡Ya no es el tún! ¡Ya no es Tecún!
¡Ahora es el tán-tán de las campanas,
Capitán!
Autor: Miguel Angel Asturias
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Credo en la Libertad, Madre de América
creadora de mares dulces en la tierra,
y en Bolívar, su hijo, Señor Nuestro
que nació en Venezuela, padeció
bajo el poder español, fue combatido,
sintióse muerto sobre el Chimborazo,
resucitó a la voz de Colombia,
tocó al Eterno con sus manos
y está parado junto a Dios!
¡No nos juzgues, Bolívar, antes del día último,
porque creemos en la comunión de los hombres
que comulgan con el pueblo, sólo el pueblo
hace libres a los hombres, proclamamos
guerra a muerte y sin perdón a los tiranos
creemos en la resurrección de los héroes
y en la vida perdurable de los que como Tú,
Libertador, no mueren, cierran los ojos y se quedan velando.
Autor: Miguel Angel Asturias
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ASTURIAS, Miguel Ángel
Guatemala, 19 oct, 1899-Madrid, 9 jun, 1974
Narrador, poeta, ensayista y periodista.
De niño vivió en el barrio La Candelaria y en Salamá, Baja Verapaz, adonde llegó con su familia, luego de que su padre perdió el empleo por instrucciones de Manuel Estrada Cabrera, y tuvo que refugiarse en la mansión de su suegro. Miguel Ángel Asturias salió de la capital, una madrugada, con su familia; él, de 4 años, en la espalda de un indígena; los demás, sobre caballos. En Salamá convivió con los cakchiqueles y oyó leyendas indígenas, hasta los ocho años, pues en 1907 regresó a la capital a terminar los estudios de primaria en el colegio Don Bosco. Estudió medicina, sociología y derecho en la Usac. Fue miembro de la redacción del periódico El Estudiante, que predicó la unión centroamericana, y encabezó las luchas estudiantiles que pedían la renuncia de Estrada Cabrera. Por esta causa fue encarcelado. A los veintidós años de edad, Asturias representó a Guatemala en el Congreso Internacional de Estudiantes, que organizó José Vasconcelos en México. Fue testigo presencial del derrocamiento de Manuel Estrada Cabrera, El Señor Presidente, en 1921. Colaboró con José María Hurtado de Mendoza en la traducción del Popol vuh, bajo la dirección de Georges Raynaud. En diciembre de 1921 fundó la revista Claridad, junto a Epaminondas Quintana, Joaquín Barnoya, Pablo Porras, Arturo Callejas y Carlos Ruano. Recién titulado de abogado y notario con la tesis El problema social del indio, en 1923, viajó, por primera vez, a Europa. En la Sorbona, de París, hizo estudios sobre las religiones y las culturas de Centroamérica. Su acendrado latinoamericanismo y su vocación antimperialista lo llevaron a fundar la Asociación Latinoamericana de Estudiantes, en París, con Carlos Quijano y Ernesto Haya de la Torre. Fundó y dirigió la Universidad Popular en 1922. Fue corresponsal en París del diario El Imparcial, de 1924 a 1933 (en la ficha hemerográfica que se presenta aquí sólo se consignan las colaboraciones periodísticas que no aparecen en la recopilación que publicó la Colección Archivos de la UNESCO, con el título París, 1924-1933. Periodismo y creación literaria y que se publicaron en otros medios o en otras fechas en El Imparcial). En marzo de 1935, lo eligieron diputado a la Asamblea Nacional, por Huehuetenango. En ese cargo, se negó a firmar el Manifiesto de los 311, que pedía la renuncia de Jorge Ubico, lo que provocó airadas reacciones de cierto sector de las fuerzas progresistas del país. Fundó y dirigió Diario del Aire, en Guatemala. Fue invitado al Festival de la Juventud en Moscú y a las reuniones del PEN Internacional. Se solidarizó con la revolución cubana y Fidel Castro lo invitó a participar en las fiestas del 26 de julio de 1960. En 1961, fue miembro del jurado de cuento del premio Casa de las Américas. Ese mismo año fue presidente de la Conferencia de los Pueblos en Montevideo, réplica de la Conferencia de la Alianza para el Progreso, realizada en Punta del Este; ahí defendió a Cuba, agredida por el imperialismo estadunidense. Esta conducta le costó la cárcel a Asturias, en Buenos Aires, al ser derrocado el gobierno de Arturo Frondizi. Cuando sale, enfermo, de la prisión, va a curarse a Rumania. En Génova recibió, en 1965, la noticia de que le fue otorgado el Premio Lenin de la Paz; va a recibir el palmarés a Moscú, adonde le llega la informacion de que acaba de ser nombrado embajador de Julio César Méndez Montenegro, en París; cuando ocupaba dicho cargo, le otorgaron, en 1967, el premio Nobel de Literatura. En abril de 1970 renunció al cargo de embajador, pero la izquierda lo había estigmatizado por haber formado parte de un régimen asesino y dictatorial. Asturias alega en su defensa que el puesto lo había ejercido por consejo del expresidente Jacobo Árbenz Guzmán (a quien él seguía considerando presidente de Guatemala) y de sus amigos del PGT. Manuel José Arce lo recuerda así: «Descubrimos Guatemala a través de Asturias; descubrimos el pensamiento del indio. Con él nos vamos a buscar sus verdades. Asturias es el gran mago iniciador, el hombre que abre todas esas puertas. Para mí, es un gran maestro. Es el hombre con quien discuto con mucha mayor facilidad que con cualquier catedrático en humanidades. Cuando veo la universalidad de Asturias, entiendo mejor a la humanidad. Veo mucho mejor la posibilidad de ser libre. Si no hubiéramos conocido a Asturias, nos habríamos dejado aplastar por la inmensa sensación de soledad en el mundo que nos dejó el estrangulamiento de la revolución en 1954. Descubrí que la única forma de ser universales es ser nosotros mismos, no disfrazarnos de universales, sino ser fundamentalmente nosotros para poder trascendernos a nosotros mismos». El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, otorgó la orden Augusto César Sandino en el grado de Batalla de San Jacinto a Miguel Ángel Asturias, el 24 de febrero de 2008.
Tomado del DICCIONARIO DE ESCRITORES GUATEMALTECOS de Carlos López
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