| Passione, de Alan Ivàn López | |||
| Recordarás, mujer, la tierna rosa quentre hiedra venenosa se mecía, ufana por el cerco que le hacía la bicha vegetal y ponzoñosa. Recordarás, también, que procelosa la ráfaga otoñal cuando le hería, llevaba con su voz a lejanía la ruda paja pálida espinosa… Por ésta solución que manda el mundo el hado me produce desconfianza, que sé mi corazón nunca florece: Pues tiene mucha yedra en lo profundo y cuando más le hieres más se afianza haciendo un cruel columpio que le mece. | |||
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