El aprendíz de profeta, de Roberto Obregón
<i>La profecía es otro oficio que debemos aprender nuevamente.</i> 1 Mis manos, mis pies a los grandes sueños habéis encadenado. Mi corazón, mi sangre he plantado con tu queja, mis ojos llenos de visiones mis manos, llenas de guijarros. Mis manos, mis pies, a los grande sueños habéis encadenado habéis encadenado... 2 A la campiña se va, si a uno le amanece doliendo el hombre y su historia; cuando él ya ha muerto y no ha vuelto a nacer, se va cuando todos tienen atada la lengua y se niegan a cantar. Hay que apoyarse en los muros de la noche y el sueño de las campanas. Despertaremos la ciudad, la levantaremos, educaremos sus ojos a la luz. 3 El viento medra, bajo los árboles mojados. Salid al patio, mirad mirad: he metido mi mano en la charca. He ahí que ella os mostraba una profundidad reflejando la altura de la estrella. ¿Para esto el largo oficio de la lluvia? ¿El paciente esmerilar, en búsquedas de una luz intrínseca, en nuestro metal? Dejadme, dejadme abrir un pozo al pie de las grandes montañas. Sentaos a esperar sobre el anciano tronco de vuestro pasado, que yo os traeré de beber en mis manos. 4 Miradlos. Se han pasado el tiempo creciendo sobre la ceniza de sus propios incendios. Arrancad sus vestiduras y máscaras Si son aquellos ofrecedores de mercadería en las impostoras ferias de nuestra historia, envolviendo la fruta engusanada u ocultando el puñal bajo relumbrante lenguaje fariseo. Miradlos, miradlos pastar en la ceniza de nuestros esqueletos antiguos. 5 ¿Qué hace Bolívar, en el trasfondo de nuestra historia? Que vengan a decir otra vez su profecía; a decirles a nuestros pueblos LIBERTAOS ANTES DE VEINTE AÑOS Y yo os pediré: Abrid, abrid puertas y puertas y puertas y puertas... Corretead, corretead al mercader que se pasea en la acera de enfrente, porque en los sótanos de su adulación vive calculando el peso de tu carne. 6 Buscaré vuestra sombra en los basureros la limpiaré y coseré a los cuatro costados. De la voz que se pierde he plantado mi canción, de esta canción he de plantar tu espíritu. De la semilla que arrojes un huerto plantaré y a él te allegarás para llenar tu corazón. Mientras tanto, podéis reír, reír, reír... Mis manos, mis pies, a los grandes sueños habéis encadenado. 7 Asomad a vuestros ojos, oiréis correr el agua bajo este muro de guijarros. Sostiénese el árbol de profundas raíces, continúa el viajero que repasa los caminos, y crece y crece sólo el que retorna a la fuente. Removed, removed los rescoldos de acampados inmemoriales, que tal es el secreto de las grandes fogatas. 8 ...Mis manos, mis pies, a los grandes sueños habéis encadenado. No quiero el calor de vuestro fuego, no quiero el agua de vuestras tinajas. Quiero sólo un lugar para mi canción. Nadie hablará del futuro, sino de la oscuridad que nos duele en los ojos. Tal es el secreto de los amaneceres. 9 Llorad conmigo, por los que no han muerto. Llorad, llorad, llorad, vosotros, los muertos de oscuridad. Que Jeremías se pudra en el silencio, que se vaya con su llanto a la parte trasera del alma. Yo, a pesar de la holganza en el mundo de las alcantarillas, a pesar de la alegría, abundancia, lloro, lloro por los que están vivos. Yo lloro, lloro, lloro, lloro... con mi sol a las orillas del pantano. 10 Aprended a ser profetas sin hablar del futuro. ¿No pertenecen los sueños al presente? Os enseñaré el oficio. Removed los basureros, hurguemos el fuego, abramos, violemos tumbas, escarbemos en la ciénaga del pensamiento humano; escuchemos los grandes silencios; encontraremos nuestro hallazgo: al pastor de sí mismo. Descansad, sentaos junto a las brasas apagadas. Yo os traeré agua en mis manos, ... mis manos, mis pies, a los grandes sueños habéis encadenado.