Las golondrinas, de Julio C. Palencia
Las golondrinas pasan
alegres una y otra vez
bajo mi ventana.
En el poniente lleno de nubes
veo el colapso de la monarquía hispánica
y quedamos huérfanos
en un ya lejano 1808.
Comentarle a un amigo | Ver comentarios (0) | Sun 16 Jun 2013, 14:10pm
País Sísifo, de Julio C. Palencia
Guatemala es un país que duele.
Y te cansas de ese dolor.
Y vuelve a doler.
País Sísifo.
Comentarle a un amigo | Ver comentarios (0) | Tue 11 Jun 2013, 11:12am
Luis Cardoza y Aragón: El Brujo del Ajusco. Julio C. Palencia
Estamos en la tierra de la belleza convulsiva, en la patria de los
delirios comestibles. Nuestra poesía moderna, nuestra pintura,
nuestras otras artes, sólo son todavía un testimonio hermoso de la
superioridad del medio.
Cardoza y Aragón, fragmento de carta dirigida a André
Bretón.
Luis Cardoza y Aragón cumpliría años el 21 de Junio. ¿Cuántos?
Nació en 1901. Murió en México, Distrito Federal, en 1992, y es muy
difícil decir que murió en el exilio. Era un guatemalteco oriundo del
Distrito Federal. Murió en su casa. La de la esquina del Callejón de
Las Flores. Su agonía final fue un alucine de sicarios y perseguidores
a los que despreció y combatió toda su vida. Sus cenizas dominan la
vista sur del Valle del Anáhuac desde el Ajusco, asiento de la Ciudad
de México. Allí se reunió de nuevo con Lya Kostakowsky, su mujer. Un
puñado, literalmente, de sus cenizas está en la Antigua Guatemala,
donde nació. Las extrajo de la urna cineraria Marco Vinicio Mejía.
No es este un análisis sesudo sobre Luis Cardoza y Aragón. Yo
vengo a contar de mis asombros, de las maravillas que ocasiona su
palabra en mi lectura. Como una flor que se abre, un rayo fugitivo
entre las nubes, una mirada más alta y diferente sobre el día. Lo que
quiero es contagiarte. ¿De qué otra manera podría hacerlo? Carlos
Fuentes decía que él leía El Quijote al menos una vez al año.
Yo vuelvo irremediablemente a la palabra del Brujo del Ajusco.
Escritura obsesiva: barroca y repetitiva. Barroquismo que
repudia los adornos, persistente y repetitiva gota de agua. El
comienzo es siempre nuevo.
No es el postmodernismo apocalíptico de Mad Max; es entre
sueños lúcidos un balbuceo de asombro. Prodigio poético que de tanto
bregar sobre el mismo punto, la misma idea, sobre el mismo cuerpo,
deviene algo distinto. El surrealismo está en deuda con lo
cardociano.
Escritura comprometida. Sí, ya sé que es un término que les
gusta muy poco a los críticos y creadores actuales. Pero, ¿qué
hacemos? El hambre sigue siendo hambre y los que reclaman y esperan
justicia siguen aún esperando. Nuestras sociedades siguen siendo
paladines de la desigualdad y la justicia con precio. El escritor o el
poeta en su torre de papel o su castillo digital se siente cómodo y
sirve para nada, totalmente convencido de que sirve para nada (dirá
“no tengo porqué servir para nada”). Bajo la pretendida formalidad
académica o el desparpajo del “desenfado” se parapeta el cinismo en la
palabra de muchos.
Eso marcará el tono de toda la escritura de Cardoza y Aragón. La
palabra cardociana se nutre del lector y regurgita símbolos que gritan
la existencia de milagros compartidos y conjuntos.
Luis Cardoza y Ararón es polifacético y múltiple en su
escritura. El poeta, el ensayista y el crítico de arte, todos el
mismo, devienen atravesados por la convicción que podemos darnos un
mundo más justo, un mundo mejor, más humano.
Podría decir que era antigüeño: sus dibujos de ciego
trazan el venturoso encuentro de sus dos mitades, feliz semilla dentro
del vientre materno.
Podría decir que llenó de múltiples Alonsos Quijano, Dulcineas y
Sanchos sus ríos y novelas de caballería y que en ellas Don
Quijote indio-negro-mestizo nunca abandonó su locura, nunca se retiró
a una hacienda que no tenía, nunca dejó de hablar sobre un maya libre,
de soñar una Troya renacida, comida alegre y suficiente en cada mesa,
una básica solidaridad humana, una amorosa Coatlicue dándonos cobijo
entre su falda de serpientes.
Coherencia entre palabra y hecho. No fue cómplice de dictaduras
ni fue embajador de charlatán, tirano o genocida. Su frase “Osos de
feria contentos con su papel y con la argolla que ellos mismos se han
puesto en las narices” expresa esa exigencia.
Admiró el movimiento monumental en David Alfaro Siqueiros, la
maestría técnica y color en Diego Rivera, eligió para sí la metáfora
de Prometeo en Llamas de José Clemente Orozco. Su lápida
cardociana: “Los tres grandes del muralismo mexicano son dos:
Orozco” señala su preferencia. La palabra: daga sobre el vientre
de la realidad. Cesárea y parto natural.
Octavio Paz escribió: “Oímos a Cardoza defender a la poesía, no
como una actividad al servicio de la Revolución, sino como la
expresión de la perpetua subversión humana. Cardoza fue el puente
entre la vanguardia y los poetas de mi edad. Puente tendido no entre
dos orillas sino entre dos oposiciones”. Jorge Carrión en su artículo
“Roberto Bolaño, realmente visceral” afirma que Octavio Paz
vetó la publicación de las obras completas de Luis Cardoza y Aragón en
México. No es de extrañarse esta aseveración. Octavio Paz recelaba
(recelo de doble vía, bien correspondido) de la inteligencia afilada
de su contrincante ideológico. No fue su extranjería la razón del
veto.
La poesía reina en la palabra de Luis Cardoza y Aragón. El tono
de sus líneas es un mantra que nunca adormece y abre la puerta a
la inteligencia y los sentidos. Palabra cifrada que se expande y se
muestra lentamente. Lázaro nos habla de un Cardoza y Aragón que se
aleja en el camino… y sólo nos queda la telaraña de sus palabras. La
pura existencia. Entra y colúmpiate desde sus múltiples hilos.
Bibliografía incompleta de Luis Cardoza y Aragón
Luna Park (1923)
Maelstrom (1929)
La torre de Babel (1930)
Catálogo de pinturas (1934)
El sonámbulo (1937)
Apolo y Coatlicue, ensayos mexicanos de espina y flor (1944)
Pequeña sinfonía del Nuevo Mundo (1949)
Pintura mexicana contemporánea (1953)
Guatemala, Las líneas de su mano (1955)
Orozco (1959)
Quinta estación (1974)
El río: novelas de caballería (1986)
Tierra de belleza convulsiva
Miguel Ángel Asturias, casi novela (1991)
Lázaro (de aparición póstuma)
Comentarle a un amigo | Ver comentarios (0) | Tue 11 Jun 2013, 11:09am
Los Ulises de nuestra Odisea, de Julio C. Palencia
Conversatorio de un día
Los Ulises de nuestra Odisea
Harás un largo viaje, que de tan largo parecerá no tener fin.
Viaje o regreso, viaje y regreso, ¿Ulises predestinado? Nada más falso. En versiones susurradas por otros protagonistas, es el olvido, el extravío, la muerte. Ulises, en una versión alterna, regresa, sí, pero muerto. En otra no regresa más, y se queda extraviado en otro puerto, otro perfume, otro acento, otra Penélope.
Ulises es el primer paso, el de salida, y es el último, el de llegada. Dime cómo será el regreso para que mi corazón no pierda el camino de vuelta, clama Ulises en su sueño.
No fue Troya ni Ítaca el inicio de tu tragedia. Fue el fracaso de toda tu ascendencia y el tuyo propio por darte una patria digna, fue el desprecio de los otros y tu silencio, fue un callejón sin salida.
En el comienzo mismo de tu viaje está el fracaso. Y sin dar el primer paso, ya piensas en el regreso. El camino es una puerta abierta que conduce a cualquier parte.
Un precipicio.
Una bestia de acero.
Un río lleno de manos que empujan hacia lo profundo o jalan hacia la orilla, dependiendo de tus dólares.
Una esperanza, enferma, sí, pero hasta esa te niega la malsana Ítaca.
No mueras antes de llegar a tu destino, Ulises; no te condenes a repetir el mismo viaje siempre.
Si el olvido o la muerte no se apropian de tu gesto, y regresas, regresarás otro. Y nadie te reconocerá. Si vivos tu padre o tu madre, serán ellos los que al tocar el rostro tuyo sepan que estás aquí. O tu viejo perro, si uno tuviste.
Cámbiate el nombre, Ulises, regresa de incógnito, y quizá así comprendas lo que en una jugarreta el destino te arrebata.
Observa de lejos a tu Penélope, la de antes, envejecida, refunfuñando a otro. Mira a tus hijos que ven con tu mirada pero no te reconocen.
Cámbiate el nombre, Ulises. Reinicia tu viaje.
Comentarle a un amigo | Ver comentarios (0) | Fri 31 May 2013, 7:06am
Fuego y revoluciones, de Julio C. Palencia
Soñé revoluciones
soñé fuego
me envolví en la bandera
de nuestra tragedia.
Lleno de sed
me emborraché
con el rocío puro de la madrugada.
Comentarle a un amigo | Ver comentarios (0) | Tue 28 May 2013, 14:34pm


